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Mujeres y Literatura

Una de las cuestiones recurrentes en los últimos debates culturales es si existe una “literatura femenina” diferente de la masculina, interrogante al que se une otro doblemente inevitable que se pregunta si existe en la literatura una tradición de escritura femenina, y en el caso que exista, por qué no se refleja en los manuales de literatura.

Mercedes Arriaga Flórez, de la Universidad de Sevilla, reflexiona sobre estas importantes cuestiones, que dividen en muchos casos a las personas que investigan en este hecho literario:

Para empezar por la primera cuestión a la que pocos críticos y críticas desean responder de forma clara, porque tanto una negativa como su contrario son igualmente comprometedoras, hay que decir que algunos parten de la afirmación de que no existe literatura de hombres o de mujeres, sino sólo buena o mala literatura, aunque se detienen ahí sin entrar en la cuestión de quién, con qué criterios, o en qué circunstancias históricas o políticas, se decide lo que es “bueno” o “malo” en literatura.

Si se hicieran estas preguntas, con la respuesta se podría explicar la hegemonía de algunos autores con respecto a otros en algunos periodos históricos, el predominio internacional de una literatura sobre otra, y el olvido por parte del público de autores que en una coyuntura político-social determinada fueron aclamados. La canonización en literatura es un procedimiento sumario y selectivo que responde a criterios culturales y posiciones ideológicas, (por no hablar de los intereses), de los canonizadores, que logran tramandar “su” concepción de la literatura. Por desgracia, como se sabe, nuestro mundo moderno y democrático no ha podido acabar con este control, que si en tiempos pasados se hacía con criterios estéticos, políticos, religiosos, etc., ahora responde casi exclusivamente a exigencias del mercado editorial, y a niveles de audiencia. 

Hay una cuestión terminológica, y es que con la etiqueta “escritura femenina” se designa tanto la literatura escrita por mujeres como la literatura de contenido “femenino”, es decir, que se centra en la experiencia de ser mujer en el mundo con todos sus matices biológicos y contextos situacionales, pero con la salvedad de circunscribir el “mundo femenino” casi exclusivamente a su acepción más tradicional, con lo cual, muchas escritoras que proponen modelos y espacios femeninos nuevos, tampoco se identifican con esta denominación.

Existe una “literatura femenina” y una “literatura masculina” por lo que se refiere, no a los autores/as que la practican, sino a sus contenidos. Si partimos de lo femenino y lo masculino en términos de construcción social, tendremos que reconocer en la literatura uno de los espacios donde estas construcciones y sus estereotipos se forjan y se reproducen (también se subvierten, afortunadamente), junto con modelos de comportamiento y esquemas ideológicos que los refuerzan.

Nadie ignora que ha existido desde siempre, también una literatura escrita “para” mujeres, que en principio revestía carácter preceptivo (libros de comportamiento, tratados morales, etc.), y que con el paso de los siglos se convirtió en novela rosa, folletines y otras obras, donde lo femenino (también lo masculino, pero los hombres leen mucho menos este tipo de textos) sigue encorsetado en esquemas tradicionales. Esta literatura escrita para mujeres no siempre tiene una autora detrás, muchos autores, que cuentan con un numeroso público femenino que los sigue y compran sus libros, la practican.

La literatura “femenina” no es exclusiva de las escritoras, del mismo modo que la literatura “masculina” ha sido, y es, practicada por muchas autoras. Ahora bien que la literatura de contenido femenino no goza del mismo prestigio que su antagonista, es algo evidente, consecuencia de una tradición social, política, religiosa y cultural que sobrevalora lo masculino e infravalora lo femenino.

Benedetto Croce decía con admiración de María Giuseppina Guacci, escritora italiana del siglo XIX, que “en ella no percibís la mujer” (Morandini, 1997,). Para no encontrarse con la desaprobación de la crítica y con el desprecio social, muchas autoras escriben deliberadamente “como si no fueran mujeres”. Es el caso de Natalia Ginzburg, narradora y periodista contemporánea, que en la introducción de una de sus obras explica las dificultades que ha tenido que afrontar para escribir sus novelas, entre ellas, la de ser una mujer, y por lo tanto, de correr el riesgo de resultar “pegadiza y sentimental” (Ginzburg, 1993,), defectos que le parecían odiosos y típicamente femeninos.

Natalia Ginzburg deseba “escribir como un hombre”), y por ese motivo escoge, en su primera etapa, una forma de escritura intencionalmente impersonal y alejada, evitando toda referencia autobiográfica. Después de las primeras obras, la escritora se da cuenta que el mundo que describe no le pertenece y sus personajes no nacen de ella. A partir de ese momento el uso de la primera persona, el recurso de la memoria y el sentimiento se convierten en constantes de sus novelas: “Y desde entonces siempre, desde que usé la primera persona, me dí cuenta que yo misma, sin ser llamada, ni solicitada, me filtraba en mi escritura” (Ginzburg, 1993).

Tampoco la literatura feminista, que denuncia las desigualdades e ilustra la lucha de la mujer por ver reconocidos, primero su dignidad y después sus derechos, ha sido practicada sólo por mujeres. Ya en el Renacimiento italiano existen una serie de tratadistas (Cortegiano con sus Diálogos, Lando con las Forciane disputationes, Speroni con Dignidad de las mujeres, Gelli con Circe, Stefano Guazzo con Honor de las mujeres), que rechazan el concepto de la inferioridad moral de la mujer, al tiempo que defienden la dignitas mulieris. En España Luis Vives y Fray Luis de León se insertan también en esta línea, aunque con un carácter marcadamente pedagógico.

Las diferencias entre “literatura masculina” y “literatura masculina”, más que estar relacionadas con el sexo/género de sus autores y autoras lo están con la adopción de una posición hegemónica o marginal, tradicional o innovadora, con la elección de temas que pertenecen al ámbito público o al privado, con la identificación o la subversión de los roles y los modelos culturales. Es lo que paralelamente Jonathan Culler sostiene a propósito de las posiciones que el lector o lectora pueden adoptar ante el texto, que puede asimilar contenidos más o menos femeninos o masculinos, independientemente del hecho se ser hombre o mujer (Culler, 1982).

La idea central, tanto de los “deconstruccionistas” como de la crítica postfeminista, es que autor y lector no son sujetos neutros, universales, teóricos, sino sujetos encarnados y sexuados. Como señala Patrizia Violi “la diferencia sexual constituye una dimensión fundamental de nuestro experiencia y de nuestra vida, y no existe ninguna actividad que no esté en cierto modo marcada, señalada, o afectada por esa diferencia” (Violi, 1991).  Es así como un gran número de críticas literarias opina que el género, como preferencia textual, remite a la relación que un determinado/a escritor/a mantiene con el modelo cultural dominante de la identidad femenina o masculina, y en este sentido, diferentes sectores de los women studies, han afrontado el tema del género que se inscribe en el texto.

Pasemos ahora a la cuestión de la tradición. Como señala Marina Zancan, la tradición literaria canonizada es la “historia de un pensamiento masculino”, no sólo por la ausencia de escritoras, sino también porque esa tradición ha codificado lo femenino a través de temas, estilos y escala de valores  (Zancan, 1998). Esta circunstancia no ha impedido que las mujeres practiquen la escritura en todas las épocas, pero sin conquistar el título de “escritoras” que sólo conseguirán, con grandes dificultades y no pocas oposiciones, a finales del siglo XIX y principios del XX.

Las escrituras de las mujeres se desarrollarán en el ámbito de lo privado durante siglos (cartas, diarios, cuadernos de apuntes, libros de familia), teniendo una repercusión escasa en la tradición cultural que, muchas veces a lo largo de la historia se ha mostrado reacia a aceptar los productos culturales que salieran de la pluma de una mujer.

Este es el caso de la crítica consagrada en Italia, que considera a las escritoras como casos aislado, y aún reconociendo el peso de algunos nombres de mujer, tienden a no atribuir ningún peso a los géneros literarios en los que éstas predominan. Por otro lado la labor, aún incompleta, de numerosas críticas ha demostrado que no sólo existe una tradición femenina de escritura creativa, sino también ensayística y erudita, en la que figuran escritoras desconocidas en los libros de textos, y una cierta continuidad en los recursos de escritura.

La crisis del papel del intelectual y la presencia de un público popular, en el que abundan también las mujeres, son las principales causas  de la irrupción masiva de las escritoras en tres campos importantes de la literatura: como autoras de libros para niños, traductoras de autores extranjeros y, por último,  como críticas de textos de escritoras del pasado.

A propósito de la historia de la literatura escrita por mujeres hay tres rasgos reseñables:

1. La falta de atención por parte de la critica.

2. La falta de transmisión de los textos femeninos.

3. La dificultad de las escritoras para afirmarse como tales.

La presencia real de numerosas escritoras dentro del panorama literario de los diferentes siglos, respaldada por el éxito de público de algunas obras y por el reconocimiento de premios literarios prestigiosos sobre todo en el siglo XX, no se corresponde con el espacio que se les asigna en historias de la literatura, libros de texto, antologías y repertorios bio-bibliográficos. En las  diferentes historias de la literatura las autoras aparecen descontextualizadas, presentadas como casos excepcionales, fuera de las corrientes y movimientos literarios.

Una historia de la literatura que incluya a las escritoras no debiera plantearse en términos de sexo-género, sino como un problema de cultura silenciada. La cultura femenina, perteneciente a un grupo de población fuera del poder a causa de su sexo, es una cultura subalterna, que ha dialogado, pero también polemizado, con la cultura dominante. Las escritoras son las primeras que han entendido y practicado lo que ahora se llama interculturalidad, porque han tenido que manejarse con dos códigos, dos lenguajes y dos mundos diferentes que separaban lo privado de lo público, la vida del arte, la tradición oral de la escrita.

Como las escritoras han sido estudiadas como casos aislados, faltan todavía estudios que las integren en el tejido cultural de cada época. Esta operación permitirá descubrir que las escritoras jugaron un importante papel desde las cortes, salones y reuniones literarias desde el Renacimiento hasta nuestro siglo.

Queda, además, por estudiar la incidencia de la creación femenina en la cultura oficial. Se suele olvidar que algunos géneros literarios creados por escritoras, luego han entrado a formar parte del tejido de la literatura consagrada. Pero también se olvida en la historia de la intertextualidad que algunos géneros de discurso, metáforas, imágenes e ideas de gran repercusión también han sido inventadas por mujeres. En la literatura italiana el ejemplo más relevante es el de Christine de Pizan, que con su obra La ciudad de las damas, ya en el siglo XV, formuló la hipótesis de la ciudad como espacio útopico. Idea que después replanteará Campanella con La ciudad del sol, y que llegará a nuestro siglo de la mano de Las ciudades invisibles de Italo Calvino.

A continuación os ofrecemos un Cuadro en el que alfabéticamente intentamos relacionar a la mayoría de mujeres escritoras que conocemos, citando una o varias de sus obras, para facilitaros así, la búsqueda de información si queréis ahondar en sus biografías y bibliografías:

AUTORAS

TÍTULO

ALDECOA, Josefina R.

La fuerza del destino

ALLENDE, Isabel

De amor y sombra

ÁLVAREZ, Julia

¡ Yo !

AMAT, Nuria

La intimidad

ANGLADA, MªÁngels

Los cercados

BARRIOS, Nuria

Amores patológicos

BECCARIA, Lola

La debutante

CARRANZA, Maite

Frena, Cándida, frena

CASTEDO, Elena

El paraíso

CERDA, Martha

Toda una vida

CHACEL, Rosa

La sinrazón

CHASE, Cristina

Almas de ante azul

COHEN, Emma

Loca Magnolia

CONDE, Carmen

Soy la amante

COVITO, Carmen

De por qué los puercoespines ...

DÍAZ-MAS, Paloma

La tierra fértil

DIOSDADO, Ana

Igual que aquel principe

DOÑA, Juana

Desde la noche y la niebla

DUJOVNE, Alicia

El árbol de la gitana

FALCÓN, Lidia

Postmodrnos

FERNÁNDEZ, Cristina

El año de gracia

FERNÁNDEZ, Montserrat

El ultimo verano

FERRÉ, Rosario

Vecindarios excéntricos

FORMICA, Mercedes

A instancias de parte

FREIXAS, Laura

Último domingo en Londres

GARCÍA M., Adelaida

Mujeres solas

GARCÍA-LLIBERÓS, M.

Equívocos

GARCÍA-MARES, Sofía

Doña Quijota de Galicia

GIMÉNEZ, Alicia

Día de perros

GLANTZ, Margo

Las genealogías

GONZÁLEZ, Eladia

Quién como Dios

GONZÁLEZ, Paloma

Los cinco Anks

GOPEGUI, Belén

La conquista del aire

GRANDES, Almudena

Malena es un nombre de tango

GUTIÉRREZ, Menchu

La tabla de las mareas

IRISARRI, Angeles

Las damas del Fin del Mundo

JANÉS, Clara

Los caballos del sueño

LAFORET, Carmen

Nada

LEÓN, Mª Teresa

Una estrella roja

LINARES, Concha

Esfinge dorada

LINDO, Elvira

El otro barrio

LOYNAZ, Dulce Mª

Jardín

LYNCH, Marta

Los dedos de la mano

MARTÍN GAITE, C.

Lo raro es vivir

MASTRETTA, Ángeles

El mundo iluminado

MATUTE, Ana Mª

Luciérnagas

MAYORAL, Marina

Dar la vida y el alma

MÉNDEZ, Gloria

El informe Kristeva

MINGOT, María Jesús

El vértigo de las cuatro y media

MOIX, Ana María

Vals negro

MOLINA, Josefina

Cuestión de azar

MONSÓ, Imma

Nunca se sabe

MONTERO, Mayra

Del rojo de su sombra

MONTERO, Rosa

El nido de los sueños

MORO, Pilar

Deja que lo cuente

MULDER, Elisabeth

Alba Grey

NAVALES, Ana Mª

Cuentos de Bloomsbury

NEUMAN, Lilian

Levantar ciudades

O´WISIEDO, Mayrata

Una taza de té en mi jardín

OBLIGADO, Clara

Si un hombre vivo te hace llorar

OCAMPO, Silvina

La furia y otros cuentos

OLIVER, Mª Antonia

El sol que engalana

ORTIZ, Lourdes

Fátima de los naufragios

PEDRAZA, Pilar

La bella enigma y pesadilla

PEREDA, Rosa

La sombra del gudari

PERI ROSSI, Cristina

Los museos abandonados

PIERNA, Milagros

Ángel de agosto

PONIATOWSKA, E.

La flor de lis

POSADAS, Carmen

Pequeñas infamias

PUÉRTOLAS, Soledad

A la hora en que cierran los ...

QUIROGA, Elena

Escribo tu nombre

RECIO, Consuelo

Madrid blues

RICO GODOY, Carmen

La costilla asada de Adán

RICO, Lolo

Si yo fuera rica

RIERA, Carmen

Tiempo de espera

RIVERA DE LA CRUZ, M.

Que veinte años no es nada

RODORETA, Mercé

Aloma

ROIG, Montserrat

Dime que me quieres aunque sea...

ROMA, Pepa

Mandala

ROSETTI, Ana

Pruebas de escritura

RUBIO, Fanny

El Dios dormido

SALISACHS, Mercedes

La voz del árbol

SÁNCHEZ ANDRADE, C.

Las lagartijas huelen a hierba

SÁNCHEZ, Clara

El palacio varado

SÁNCHEZ, Margarita

La otra

SANTIAGO, E.

El sueño de América

SANTOS, Care

Okupadas

SANZ, Blanca

Aquellas costas de Inglaterra

SERRA, Berta

El otro lado del mundo

SERRANO, Amparo

Mujeres de mármol

SERRANO, Marcela

Nuestra señora de la soledad

SORIANO, Elena

Mujer y hombre

STEIMBERG, Alicia

Cuando digo Magdalena

SUÁREZ, Karla

Silencios

ZAMBRANO, María

Senderos

 

Hijas y padres

 

Madres e hijas

 

Mujeres al alba

 

Novelas breves de escritoras españolas 1900-1936

AGUADO, Neus

Ginebra en bruma rosa

AGUILAR, Liliana

Clases de lenguaje

AGUIRRE, Francisca

La otra música

AGUSTINI, Elvira

Los cálices vacíos

ANDREU, Blanca

El sueño oscuro

BARBERO, Teresa

En las manos de Albertina

CANELO, Pureza

El barco de agua

CANTARERO, Rocío

Por la vida, cuerpo a cuerpo

CASTRO, Luisa

Los hábitos del artillero

CHACEL, Rosa

Poesía (1931-1991)

CONDE, Carmen

Memoria puesta en el oido

GARCÍA, Concha

Ayer y calles

GÓMEZ ALONSO, A.

La isla mágica

GRACIA, Teresa

Meditación en la montaña (liras)

GUZMAN, Almudena

Calendario

IGLESIAS, Amalia

Memorial de Amauta

JANÉS, Clara

Rosas de fuego

LACASA, Cristina

Ramas de la esperanza

LAGOS, Concha

Antología

LOYNAZ, Dulce Mª

Últimos días de una casa

LUQUE, Aurora

Carpe noctem

PERI ROSSI, C.

Babel Barbara

RINCON, Mª Eugenia

Frontera en la sombra

ROMERO YEBRA, Ana

El llanto de Penélope

SEGURA, Many

Cuaderno de viajes

VALDÉS, Zoe

Cuerdas para el lince

 

Ellas tienen la palabra

CÁNOVAS, Elena

Mal bajío

DIOSDADO, Ana

Los comuneros

FALCÓN, Lidia

El teatro breve de Lidia Falcón

FERNÁNDEZ, C.

Hermanas de sangre

HIBERNIA, Eva

Los días perdidos

ISTARÚ, Ana

Baby boom en el paraíso

LARAGIONE, Lucía

Cocinando con Elisa

LEÓN, Mercedes

Toque de queda

LINDO, Elvira