Horario de Atención:

De Lunes a Jueves de 9:30 a 20:00 hrs.

Viernes de 9:30 a 15: 00 hrs.

 

Horario de Atención:

De Lunes a Jueves de 9:30 a 20:00 hrs.

Viernes de 9:30 a 18:00 hrs

REVISTA DIGITAL

Visibilización e Invisibilización

A pesar del gran adelanto de las mujeres en todos los órdenes y que los pronósticos les aseguran tiempos de liderazgos para el siglo XXI, resulta difícil para aquellos que se acercan a los libros de historia, recibir información de qué aconteció a esa mitad de la humanidad, cuyo devenir en los siglos sigue permaneciendo en las sombras.

En cada país puede existir una heroína o una figura de la ciencia o el arte que sea de conocimiento general, pero en casi todas partes sobran los dedos de la mano para contar cuando se les menciona, y en la mayoría de los casos, pocos son los datos que de ellas pueden compilarse. Muchas son conocidas como "la madre de...", "la hija de ...", "la esposa o la amante de...".

Tal vez lo más próximo y fácil de constatar es la ausencia de nombres de mujeres dados a calles y avenidas de las ciudades. En ocasiones se da su nombre a la calle donde nacieron o murieron las celebérrimas, pero ni siquiera ésta es una regla fija.

En fecha reciente, un grupo de entusiastas alemanas se dispusieron a imprimir un folleto con biografías y retratos de mujeres de cierta relevancia y de distintos países, épocas y esferas de actividad. Llegaron a la triste conclusión - tras consultar las más diversas fuentes - que sólo podían reunir información de un reducido número de ellas y en múltiples casos no encontraron retratos de estas figuras tan importantes.

Acertadamente Virginia Woff apuntaba que la misión de las mujeres en la sociedad, si querían lograr algún espacio en ella, era el de "reflejar como un espejo la imagen de los hombres, al doble de su tamaño original".

Si bien "las hermosas" de los grandes pintores de todos los tiempos han sido sólo eso, anónimas modelos, ningún hombre de estado, del arte o de la ciencia quedó sin ser registrado por un pintor de moda sin la debida identificación.

A ellos se les dedicaron y dedican plazas y monumentos, se acuñan sus rostros en el dinero, y se nombraron en su honor la mayoría de los accidentes geográficos. Tal vez sólo se salvaron de este olvido algunas mujeres devenidas en reinas o emperatrices, cuyo mérito no venia de sus valores personales sino de la absurda genealogía de la sangre.

Historiadores e historiadoras tienen ante si la responsabilidad de romper el silencio - quebrado apenas por un puñado de nombres repetidos circunstancialmente - para devolverles a las mujeres el espacio, la voz y 1a acción olvidados y rescatar del anonimato tanto heroísmo y talento. Porque no es sólo 'injusto sino históricamente inexacto’ ignorar lo que le sucedió y lo que protagonizó la mitad le la población de nuestro país.

Se hace impostergable cambiar el estado de las cosas que arroja hoy un balance tan desfavorable para nuestras mujeres, evitar que se repita lo que es "tan natural" en los libros por los que estudiamos y estudian aún hoy las nuevas generaciones: que se pretenda, apenas con unos párrafos de un grueso volumen o en un par de documentos de una extensa colección agotar la historia de ellas o en las que ellas fueron partícipes, que ha sido tan rica en todos los ámbitos de la vida social, cultural; económica y política del devenir mundial.

Es por ello que cualquier iniciativa, cualquier gesto - por modesto que sea - por develar esa parte oculta de la historia y erradicar el mito de las "grandes mujeres" concebidas sólo a la sombra de maridos o parientes, debe ser apoyado calurosamente. Porque sin contar con la mitad de la población humana ni registrar en la memoria colectiva sus aportes, las posibilidades de desarrollo estarán siempre mediatizadas, serán incompletas e insuficientes y de un sesgo sexista no sólo injusto como también irracional.

Lola G. Luna, profesora titular de Historia de la universidad de Barcelona, en un artículo recogido por Mujeres en red, afirma que: La renovación historiográfica que significó la historia social, la nueva historia y la historia "desde abajo", favoreció el acercamiento a la compleja cuestión de la invisibilidad de las mujeres en la historiografía, porque se ampliaron los temas y los sujetos.

En sus comienzos, la historiografía feminista pasó de la descripción de la presencia de las mujeres en la historia, a utilizar enfoques y conceptos de la historia renovada por los Annales y por el materialismo histórico (estructura social, relación social, grupos sociales, cambio social, opresión, explotación, modo de producción, clase social, etc.). Coincidió también con aquellas tendencias en su interés por nuevos temas (la cotidianidad, la familia, la educación, el trabajo, el movimiento obrero), y llevó a pensar a las historiadoras feministas que podíamos hacer la "historia total" una vez añadida la presencia y reconocido el protagonismo de las mujeres.

Hoy nos encontramos con un cuestionamiento de esta visión total de la historia, confrontada a una multiplicidad de interpretaciones y de historias locales, regionales, nacionales, de la cultura, de la educación, etc. Entretanto, la historiografía feminista ha ido consolidándose y hoy ya forma parte de esa multiplicidad historiográfica.

De rescatar a las mujeres de las sombras, se ha llegado a proponer nuevas herramientas teóricas para la explicación, no sólo de su participación en la historia, sino también de la desigualdad y del cambio social, coincidiendo con otras visiones actuales que se refieren a las limitaciones de paradigmas universalizantes para la interpretación del pasado, mostrando cómo la experiencia histórica de las mujeres ha tenido sus particularidades.

Se puede decir entonces, que la historiografía sobre las mujeres se inserta en este momento de libertad y multiplicidad de visiones históricas en el que asumiendo la propia historicidad, se contribuye a conceptualizar nuevos problemas, renovar orientaciones metodológicas y contenidos, señalando a fin de cuentas con ironía un "final de la historia" y un nuevo comienzo, en el que todos los sujetos están presentes con sus experiencias históricas entrelazadas en torno a las múltiples actividades sociales, políticas y económicas. Queda por establecer finalmente si el género y la diferencia sexual es la "historia de las mujeres" o significa algo más.

Para G. Luna “Está claro que el reto se encuentra en ver que hay aspectos de la historia en donde las mujeres no se pueden hacer presentes si no tenemos los conceptos apropiados para explicar su ausencia, porque ¿cómo explicar la experiencia política de las mujeres, si seguimos manteniendo un concepto tradicional sobre el poder y la política, que en su epistemología las excluye? . Por ello considero necesario poner el énfasis en la dimensión política del género en la historia, si se trata de esclarecer, por ejemplo, experiencias femeninas relacionadas con la modernización, el Estado, la ciudadanía y los movimientos sociales y aclarar que esas experiencias forman parte de la renovación de la historia, concretamente en sus aspectos políticos. Dicho de otro modo, una historia política renovada pasa por incorporar a ella las mujeres en su calidad de actoras reales”.

La Invisibilidad de las Mujeres

Para conmemorar el 8 de marzo, en 2005, Elsa López, escribió un artículo titulado “La invisibilidad de las Mujeres” que reproducimos a continuación, porque resume muy bien el tema que tratamos:

“Lo son. Unas veces más y otras, menos. Pero lo son: invisibles, transparentes. Están en escena y no se las ve. Presiden instituciones, congresos, departamentos sociales, y no se las ve. Pintan, escriben, componen, dirigen orquestas, crean arte, y no se las ve. Se silencian sus nombres o se las aparta del canon que es lo mismo que no ser.
 
Porque si no se las nombra, no son nada. Nadie duda de que hubo escritoras espléndidas en todas las épocas dignas de ocupar un lugar destacado en las mejores enciclopedias o artistas dignas de tener colgadas sus obras en los mejores museos. Y si nadie lo duda, ¿por qué no están? ¿Quién ha borrado sus nombres de esas páginas? ¿Quién o quiénes han olvidado colocarlas en el sitio que les corresponde?

Es necesario pronunciar esos nombres para que existan. Debemos escribir sus nombres por las paredes del mundo para reivindicarlas, para hacerlas visibles. Para darles la vida que no tuvieron.

Hay cosas que es mejor no nombrarlas para no hacerlas evidentes. Esa es la clave para entender el silencio creado alrededor de las mujeres. La visibilidad de una mujer está permitida siempre y cuando responda a los cánones que los hombres han creado. Ninguna mujer que tenga voz propia, que sea beligerante o emprendedora, es aceptada por la mayoría de las sociedades patriarcales. Y si una mujer así existe, se procura minimizarla, ridiculizarla, quitarla de en medio.
 
Ningún macho al uso consiente en ser dirigido, informado o puesto en su sitio por una mujer. No se cuestiona la autoridad cuando es un hombre quien manda. Se cuestiona cuando es una mujer. Una situación semejante crea en ellos tales conflictos de personalidad, tales esquizofrenias que, en cuanto te descuidas, te saltan a la yugular. Van a degüello.
 
En el momento que las mujeres aparecen en escena y actúan libremente, ellos comienzan a ponerse nerviosos y a desenvainar las espadas. Y ruedan cabezas. Las de ellas, claro. No hay otra explicación para tanta masacre. La creciente violencia contra las mujeres es una prueba que certifica lo que digo.

Cuando alguien opina que antes no ocurrían estas cosas siempre contesto lo mismo: si, si ocurrían, pero, o no se conocían, excepto que alguna se atreviese a mostrarlas, en cuyo caso sólo cabía esperar el desprecio y la marginación, o eran tan sumisas que “no daban motivos” para soluciones tan cruentas.

Porque ellos no soportan la voz, la discrepancia o la agresividad de quienes tradicionalmente estuvieron en silencio soportando humillaciones, palizas, o una amorosa indiferencia.

Hoy, en un día tan especial para nosotras, yo haría un ruego a tantos hombres que creen en una sociedad justa: que nos miren con los ojos de la admiración y del asombro; que nos nombren, que nos designen por nuestro nombre y por lo que él significa. Que nos ayuden a construir una sociedad madura donde al anunciarse nuestra presencia, hombres y mujeres, por igual, se levanten de sus asientos con devoción y respeto. No puedo pedir más. Ni menos. 

Autoría: Elsa López. Fuente: http://www.ciudaddemujeres.com


Aunque en la actualidad se piensa que el intento de visibilizar a las mujeres es una cuestión prácticamente feminista, llevada a cabo mayoritariamente por mujeres, no hay que olvidar que a lo largo de la Historia han sido muchos los que han intentado que los logros de las mujeres no quedaran en el olvido. La catedrática Lola Pérez Sedeño, cita algunos de estos esfuerzos:

  • Las primeras obras tomaron la forma de enciclopedia, con la pretensión primordial de mostrar que las mujeres eran capaces de grandes cosas y que, por tanto, debían ser admitidas en las instituciones culturales. Dichas enciclopedias tenían un carácter general, es decir, estaban dedicadas a los logros en todos los campos. Giovanni Boccaccio escribió una obra de este tipo entre 1355 y 1359, De claris mulieribus, en la que presentaba la biografía de 104 mujeres notables, aunque la mayoría eran reinas (reales o míticas).

  • Agustín de la Chiesa publicó en 1620 “Theatrum literatar feminarum”.

  • Johan Frauenlob « Die Lobwürdige Gesellschaft der gelehrten Weiber », en 1631.

  • Margerite Buffet, « Eloge des illustres sçavants anciennes et modernes » (1668).

  • En la Historia “Mulierum Philosopharum”, publicada en 1690, Gilles Menage daba cuenta de los logros de filósofas antiguas y contemporáneas, para apoyar su propuesta de que las mujeres fueran admitidas en la Académie Francaise. Pero, como observa el propio Menage, su propuesta no tuvo resultado alguno.

  • A mitad del siglo XVIII aparecieron las primeras enciclopedias específicas sobre la mujer en las ciencias naturales y la medicina. Así por ejemplo, Jérome Lalande, en su Astronomie des dames (1786) –que entra de lleno en el género de la literatura científica «para damas»– incluía una brevísima historia de las astrónomas (¿tal vez la primera?). 

  • En la década de 1830 Christian Friedrich Harless escribió “Die verdienste der Frauen um naturwissenschaft, Gesundsheits und Heilkunde” (La contribución de las mujeres a la ciencia natural, la salud y la curación). En dicha obra, pretendía «llenar un vacío» existente en las historias de su época y proponía una historia evaluadora de las aportaciones de las mujeres en todos los campos de las ciencias naturales, geología, antropología y medicina.

Estas historias muestran algo que, a veces, se olvida, se desconoce o se oculta: que las mujeres siempre se han sentido atraídas por el conocimiento, en general, y el científico, en particular.

 

Copyright  @ FMP (Federación Mujeres Progresistas)

Si tiene problemas o preguntas relacionadas con este sitio Web, póngase en contacto con la dirección fmp@fmujeresprogresistas.org

Este sitio web está optimizado para una resolución 1024 x 768.