La
relación de las mujeres con el entorno inmediato, el barrio, es
tremendamente estrecha, pues es en este espacio físico donde se
produce la mayoría de nuestras actividades y relaciones: la
utilización de los espacios públicos es muy intensa
y los desplazamientos son menores y mayoritariamente en
transporte público.
Como
se pone de manifiesto en la Carta Europea de la Mujer en la Ciudad
“El marco de vida en la ciudad (a nivel del barrio y la
vivienda) influye y determina la realidad cotidiana de sus
habitantes, hombres y
mujeres, pero especialmente a las mujeres porque muchas tienen
doble jornada de trabajo y
dependen por eso más de la calidad de los servicios urbanos y de
las opciones adoptadas para el transporte y el medio ambiente” .
Así
pues, la degradación de la ciudad, con un fuerte incremento de
espacio viario, con una minoración de espacios públicos, con una
pérdida de funciones del tejido urbano hace que el actual modelo
de ciudad agrave los problemas relativos a la desigualdad entre
sexo y seamos más vulnerables que los hombres.
Con
anterioridad las fricciones de las mujeres con el espacio público,
la ciudad, eran de índole distinta: tenían ciertos espacios
vetados, no podían salir solas.
Hoy
las fricciones suponen, están ligadas a barreras, a no ayudarnos
en el camino hacia la igualdad
¿Volvemos a no poder salir solas? Qué importancia
tiene este hecho a la hora de valorar la conciliación entre
nuestro tiempo y nuestras actividades.
La
incidencia de esta pérdida de calidad vida en la ciudad no ha
sido igual para todos sus habitantes. Los grupos sociales más
vulnerables son los que más han perdido: los niños, los
ancianos, las mujeres, los inmigrantes.
A
las mujeres la vida en la ciudad cada vez se nos ha hecho más
dura, menos segura, menos accesible y se nos niega cada vez más
la autonomía, que entendemos fundamental, nuevamente considerada
como derecho para todos los ciudadanos, muy diferentes de los
considerados meramente consumidores.
Hay
que llamar la atención, de la mayor voracidad de los medios de
comunicación en avivar la necesidad del consumo y ligar las
operaciones urbanas a este tipo de acción eminentemente femenina.
Se
ha llegado a considerar los centros comerciales y de ocio como los
elementos representativos del urbanismo moderno sin que se valore
la función que realmente desempeñan al ser los lugares
de abastecimiento diario. Tanto su localización como su
exclusividad, evitando en las planificaciones la existencia de
otros lugares de abastecimiento próximos a las viviendas, parecen
no tenerse en cuenta.

En
relación con la salud hay que hacer mención a una serie de
aspectos que inciden en ciertas patologías y que están asociadas
a la configuración de la ciudad actual, Enfermedades que
constituyen preocupación y suscitan críticas a este tipo de
ciudades en las que vivimos por ciertos colectivos de médicos. Compatibilizar la vida profesional con la privada, provoca stress,
fatiga crónica, dificultades para dormir.
Por
otra parte conviene tener en cuenta el fenómeno de la soledad,
tan contradictorio con lo que significa la ciudad en si misma,
con los correlativos síntomas de abatimiento, cansancio y
desgana, está notablemente influido por el “dónde vivimos” y
por la pérdida de las funciones de encuentro y sociabilidad que
tienen los espacios públicos.
Así,
por ejemplo las
mujeres que desarrollan el tan denostado trabajo de ama de casa,
el vivir en esas urbanizaciones residenciales periféricas tan
características del nuevo modelo de ciudad, en donde la presencia
de equipamientos, comercios y actividades es escasa o nula impide
el desarrollo las relaciones personales y las aboca a la soledad..
Al
hablar de la soledad es necesario hacer mención expresa a las
mujeres mayores. Por una parte, la esperanza de vida de las
mujeres, en la actualidad, es de 8 años más que los hombres, las
mujeres vivimos más años con las consiguientes patologías
propias de la edad y por otra, a estas edades son mayoritariamente
viudas.
A
la soledad física, junto a los achaques de la edad, éstas
padecen un agravamiento de la soledad relacionado con una mayor
limitación de movimientos y de relaciones sociales por el propio
diseño de la ciudad y de las edificaciones; la falta de
ascensores en edificios residenciales antiguos (que son muy
numerosos en los cascos antiguos) incide en la
menor frecuencia de las salidas de los hogares, su área de
desplazamientos se ve menguado por el miedo al trafico y a los
accidentes, por las barreras arquitectónicas y por los deficiente
accesos de los transportes públicos.
Igualmente,
al hablar de las personas mayores, es necesario mencionar la
carencia de equipamientos sanitarios, asistenciales y sociales que
cubran las
necesidades de las mismas y que, por lo tanto, tiene mayor
incidencia en del grupo de las mujeres de más de 65 años, ya que
es más numeroso en relación con los hombres por el hecho de ser
más longevas.
En
el campo de las agresiones a las mujeres, con las consiguientes
secuelas físicas y mentales, nos encontramos que el diseño de la
ciudad también tiene una clara influencia.
Los
espacios públicos mal iluminados, con mala accesibilidad, opacos
y no transparentes, se tornan en inseguros y poco transitables y
por tanto poco saludables para las mujeres.
Evitar
determinados itinerarios, tanto para las mujeres como para las
personas que de ellas dependen, exige un esfuerzo añadido en la
vida cotidiana.
Las
mujeres cuando se hacen estudios sobre ello, siempre están
proclives a identificar lo
que llamamos “planos de la ciudad prohibida”, lugares que se
evitan a diario en un intento de evitar conflictos tangibles y
reales.
Nuevamente
nos damos cuenta de que “los itinerarios prohibidos”, que lo
son para mujeres y no para hombres, lo son desde su propio diseño
urbano, por la falta de reflexión en su planificación y por no
haber sido capaces de entender, por parte de sus gestores, para qué
sirven y cómo se utilizarán por los distintos grupos de vecinos.
El
Espacio no es Igualitario. No es neutro
Las
tareas de planificación de ciudades pueden ahondar las
diferencias entre hombres y mujeres o por o contrario
disminuirlas.
La
organización de las ciudades puede hacer que nuestros tiempos de
desplazamiento a trabajos, equipamientos o aprovechamiento de
nuestro tiempo libre sea más o menos penoso; que podamos resolver
el día a día de una forma complicada o amable, que podamos hacer
uso de la ciudad de forma autónoma o que no podamos movernos cada
día sin miedo; que podamos utilizar la calle aunque seamos niños,
jóvenes, maduros con cargas familiares o ancianos, aunque vivamos
en pisos altos sin ascensor, aunque vaya cambiando nuestra situación
laboral y familiar.
Esta
misma organización puede generar entornos hostiles o hermosos en
los que se desarrollarán nuestra juventud, nuestros mayores y
nosotras mismas con optimismo o pesimismo. Estos escenarios
vitales que son los lugares en los que habitamos van modelando
nuestros sentimientos y nuestras emociones.
La
forma de la ciudad nunca es casual porque siempre responde a
intereses. La ciudad no es
nunca neutra porque su génesis responde a voluntades.
El
uso de la ciudad en hombres y mujeres y no es lo mismo como
tampoco es igual la percepción y el uso que de los distintos
espacios tenemos a lo largo de nuestra vida. Este hecho también
lo conocemos, por experiencia, todas nosotras.
Esta
configuración de las ciudades tiene más repercusión sobre
nuestra vida cotidiana y sobre nuestra salud de lo que a primera
vista puede parecer. No es lo mismo vivir en la periferia que en
el centro de la ciudad; no es lo mismo vivir en un barrio con
transporte público que sin él, no es lo mismo caminar por una
calle con aceras anchas y arboladas que por una de aceras
estrechas con gran tráfico rodado y ruido, no
es lo mismo cruzar por un subterráneo que por un paso de
peatones, no es lo mismo tener un parque cercano a la vivienda
para el esparcimiento personal y de nuestros familiares que el
tener un espacio asfaltado que no cumple las mínimas condiciones
que nos procuren tranquilidad; no es lo mismo que los
equipamientos primarios escolares, sanitarios, deportivos, etc.,
se localicen en el entorno cercano del barrio donde vivimos que
fuera del mismo
No
es lo mismo tener escuelas infantiles que permiten un mejor acceso
de la mujer al mundo laboral que no tenerlas. No es lo mismo tener
un lugar para jugar y estar con los amigos que no tenerlo. Todos
somos conscientes de que evidentemente no es lo mismo y que no da
igual.
Conviene
llamar la atención sobre una serie de “conceptos urbanísticos”
para que podamos pensar en la implicación que cada uno de ellos
tiene sobre nuestra vida diaria:
a.
El
modelo disperso, el de la ciudad difusa, frente al modelo
integrado-compacto y plurifuncional. “El Plan Estratégico de la
Comunidad de Madrid” perfila y relanza la ciudad difusa, una
explosión reticular de centralidades, que resultan ser la
acumulación de desarrollos urbanísticos, oferta de ocio y
comercio, con potentes infraestructuras para la circulación de
mercancías. Todo el territorio pasa así a ser competitivo,
invadible y la dispersión de los nodos urbanos es cosida a golpe
de grandes ejes viarios.
b.
El modelo de los nuevos barrios en los que como normalidad se
excluye los lugares para el empleo y el modelo para los barrios
antiguos en los que estos lugares se sustituyen por usos más
rentables desde el punto de vista inmobiliario
c.
La confusión del concepto “urbanización” (que solamente
exige planos y obra) frente al de “crear ciudad” (que exige
tener en cuenta para quién se hace la ciudad).
d.
La recuperación de la ciudad existente (rehabilitación de las
estructuras de los cascos antiguos) frente a las nuevas
colonizaciones, como modelo de optimización económica de
servicios y recursos sociales.
e.
Los
modelos que incrementan la segregación social y espacial. La
mayoría de ciudadanos que viven en una ciudad comparten una
especie de mapa social de la misma. La mayoría son conscientes de
donde viven los distintos grupos sociales (clases) jerarquizados
según su renta, de manera que basta con que alguien diga donde
vive para que todo vecino que le escuche sepa con aproximación a
que clase social pertenece.
Dado
el sistema familiar existente en nuestro país como base de apoyo
al sistema económico, en las ciudades medias y grandes es
frecuente que los nuevos hogares busquen ubicación en las cercanías
de los “hogares madre”... Así los abuelos cuidan a los
nietos, colaborando en una oportunidad para el acceso de la mujer
al trabajo.
La
imposibilidad de elegir lugar de residencia en lugares como por
ejemplo Madrid, tanto por la escasez de alquileres como por el
encarecimiento de las viviendas, complica nuevamente a la mujer la
posibilidad de conciliar su tiempo y sus quehaceres, al alargar
los tiempos de sus desplazamientos para todas y cada una de las
actividades diarias que ellas desarrollan.
f.
El incremento de la movilidad, que se
apoya en el transporte privado frente al público, además de
acarrear otros problemas como los medioambientales y el consumo
imposible del territorio. ”El territorio testifica los daños físicos
y sociales infligidos, que permanecen reflejados en los paisajes
urbanos, periurbanos y rurales”. Las repercusiones son más
discriminatorias en la forma de vida de las mujeres, no solo para
ellas sino también para todos los que de ella dependen, por lo
que supone de reducción de autonomía en los desplazamientos.
Hábitat
y Género
Según
las investigaciones de las arquitectas Ana Falú y Liliana Rainero,
desde distintos ámbitos y agendas de trabajo se asume la
necesidad de incorporar al análisis
de las diversas problemáticas sociales la especificidad de
las mujeres.
En
la ultima década los esfuerzos por analizar la relación entre
Mujer y Habitat Urbano tomaron una nueva dimensión.
El
hábitat urbano entendido como una construcción histórico-social
condujo necesariamente a distintas disciplinas -geógrafas,
urbanistas, arquitectas, sociólogas- a intersecciones de campos
de conocimiento. Los
avances, aún incipientes, se apoyaron en los estudios antropológicos,
de la sociología urbana, así como en la producción teórica
feminista.
Las
primeras indagaciones apoyadas en estudios empíricos se centraron
fundamentalmente en poner en evidencia las actividades de las mujeres y sus
repercusiones en el espacio, implicando avances importantes en
cuanto a diagnósticos.
Sin
embargo, los estudios posteriores buscaron saltar la etapa
descriptiva de los roles de género, intentando avanzar en la
comprensión de las relaciones de género. En este sentido la
geografía y en particular la denominada geografía del género
contribuyó con aportes importantes.
La
misma, conocida también como geografía feminista, se define como
aquella que "examina las formas en que los procesos
socioeconómicos, políticos y ambientales crean, reproducen y
transforman no sólo los lugares donde vivimos
sino también las relaciones sociales entre los hombres y
mujeres que allí viven y, también, a su vez estudia cómo las
relaciones de género tienen un impacto en dichos procesos y en
sus manifestaciones en el espacio y en el entorno".
En
esta línea se incorpora al análisis del hábitat urbano la
perspectiva de género. Categoría que, -como sabemos- busca
indagar el significado social del ser mujer y hombre, las construcciones culturales de hombres y mujeres, en tanto
normas, valores sociales asignados, representaciones, prácticas
que los definen. Es
decir los roles que conllevan concepciones de lo masculino y
femenino a partir de considerar la diferencia sexual una distinción
pertinente dentro de las relaciones sociales y que se traducen en
relaciones asimétricas y de subordinación.
Ahora
bien, es necesario situar esta preocupación en un contexto más
amplio que tiene como objetivo último la búsqueda de equidad
social y consolidación de sociedades más democráticas.
En otras palabras la categoría género nos sirve como
herramienta en la búsqueda de un plano analítico de las
relaciones hombre-mujer para poder avanzar en el qué y cómo
se expresan las desigualdades o diferencias en la vivencia del
espacio urbano. Estas indagaciones intentan desarrollar algunas
formulaciones propositivas aplicables a políticas públicas.
Conscientes
de la complejidad del tema debemos señalar que este campo de
estudios es aún innovador, no obstante los aportes desarrollados.
Incorporar
la perspectiva de
género a
proyectos y
programas vinculados al
hábitat -vivienda, barrio, ciudad-, implica diagnósticos,
estrategias y propuestas metodológicas que no son sencillas de
abordar.
Clarificar las condiciones de hábitat y de vida cotidiana en las
ciudades, desde una perspectiva que visibilice cómo dichas
condiciones inciden en la construcción de las relaciones de género
y, dialécticamente, cómo estas últimas se manifiestan en la
producción del Hábitat, resulta aún dificultoso.
Mucho
se avanzó en los estudios de y acerca de la Mujeres. El análisis
de la incidencia para la vida de las mujeres, de temas como,
salud, trabajo, educación, violencia, con una importante acumulación de trabajo, tienen ya un consenso social.
Sin
embargo, mucho falta por elaborar y aportar desde otras
disciplinas, es así
como hablar de la especificidad de la interrelación de las
mujeres con el territorio y las condiciones de vida urbana
-vivienda, acceso a los servicios y equipamientos comunitarios,
etc.- requiere aún generar información y análisis que legitimen
el tema y permitan plantear las "alertas" en relación a
la gestión de las ciudades, el diseño de políticas públicas y
en consecuencia el impacto diferenciado de estas para la
vida cotidiana de las mujeres. Algunos estudios
desarrollados en Europa y
Latinoamérica vienen
aportando sustantivamente a este campo de conocimiento en el
esfuerzo de construir teoría.
De
los avances realizados algunas
cuestiones emergen como temas de debate:
1.
La primera cuestión se relaciona con el porqué hablar
específicamente de las mujeres
y su vida en las ciudades. Preguntas tales como: ¿en qué se
diferencia de la de los hombres?
más aún, ¿en
la pertenencia a un mismo sector de clase, situación socioeconómica?
en las situaciones de idéntica localización física en la
ciudad, ¿no viven hombres y mujeres los mismos problemas?.
2.
La segunda cuestión tiene que ver con la relación ONG-Centros
Académicos-Estado, debate vinculado a la posibilidad de incidir
en las políticas públicas. Las relaciones entre el Estado y
la Sociedad civil empiezan a ser reconceptualizadas, al mismo
tiempo que se resignifica y valoriza la democracia.. El respeto a
la diversidad y la cercanía del Estado con la sociedad civil baja
el nivel de abstracción de la reflexión y la sitúa allí donde
las diferencias y las desigualdades se hacen visibles entre ellas
las de género.
En
cuanto a la primera cuestión, teorías como las desarrolladas por
Moser (89) atendiendo
a "el triple rol de la mujer" y luego ampliadas en las
propuestas de planificación de género en el planteamiento de
"las necesidades prácticas y estratégicas" de las
mujeres, han significado una aportación en tanto permitió una
herramienta para mirar las desigualdades entre hombres y mujeres
de un mismo sector social en un mismo espacio territorial.
Estudios
que se apoyaron en evidencias empíricas y buscaron indagar en las
relaciones de género. De estos surgieron miradas críticas y
algunos aportes significativos como los de Anderson (92) ampliando
la óptica y generando fuertes críticas a estas propuestas.
En
estudios realizados y específicamente en sectores urbanos pobres,
observamos que las mujeres en relación al barrio y la ciudad responden fundamentalmente
al rol de mediadoras de las necesidades que conciernen al grupo
familiar. Las mujeres son las principales usuarias de
la vivienda, del barrio, de los equipamientos colectivos, pero
este "uso" aparece ligado fundamentalmente a la
reproducción de la vida familiar -salud, trámites,
abastecimiento, etc- existiendo una
disociación espacial entre el lugar en el que viven, la
localización de los equipamientos y el trabajo asalariado cuando
lo tienen. Esta
inadecuación entre la localización de las necesidades y la
localización de las actividades urbanas, supone para la mujer
largos desplazamientos, con altos costos económicos, mayor insumo
de tiempo y un incremento del esfuerzo físico de su jornada
laboral.
Esta
situación de desigualdad social que se expresa en la ciudad
afecta de manera diferenciada a las mujeres y entre ellas a las más
pobres y particularmente a las mujeres jefas de hogar, esta
afirmación se basa en la constatación de que la mujer es la
encargada principal de la reproducción familiar: crianza de los
hijos, elaboración del sustento familiar, mantenimiento de la
higiene, enfermeras de la salud familiar, etc.
"A
las localizaciones periféricas, carentes de equipamiento urbano,
debemos sumar los déficits del transporte público, como medio
indispensable para acceder a otros servicios urbanos, elemento que
contribuye a segregar a las mujeres en el barrio y en sus hogares,
desalentando y obstaculizando posibilidades que mejoren su calidad
de vida.
El
espacio aparece así como mediador entre el tiempo social, doméstico
e individual de las mujeres, multiplicando o minimizando las
contradicciones entre los tiempos señalados.
Para
las mujeres de los barrios la menor disociación espacial entre
sus distintas actividades productivas y reproductivas, constituye
el argumento de mayor peso a la hora de evaluar su calidad de
vida.
Como
sostiene Dina Vaiou para el gran número de personas que residen
en las ciudades, las condiciones de vida vienen diseñadas, en
gran medida, por procesos de desarrollo urbano y los usos del
tiempo y el espacio que posibilitan.
De qué se dispone, en qué condiciones y a qué costos, en
diferentes partes de un área urbana.
En
relación a los servicios urbanos corroboramos por ejemplo,
"la inexistencia de guarderías infantiles que garanticen el
cuidado de los niños, lo que implica una limitación para las
posibilidades laborales o actividades en general de las
mujeres, con riesgos, además, para los niños y niñas que quedan
solos en sus casas o al cuidado de otros niños pequeños.
En
la sociedad, el peso del cuidado infantil recae especialmente
sobre la mujer, no sólo se la considera como parte de un cúmulo
de redes protectoras de la niñez sino como la principal y en
muchos casos la única responsable de los niños pequeños.
Sin
embargo, las definiciones actuales de abandono enfatizan los
factores mútiples e interactuantes que contribuyen a la
desprotección de la infancia (Dubowitz y otros, 1993). Este nuevo
modelo denominado ecológico implica que el modelo del "víctima-culpable"
que es persistente en el campo del maltrato infantil, deberá ser
reemplazado por consideraciones individuales, familiares,
comunales y sociales. Estas nuevas definiciones, han servido para
demostrar la responsabilidad de las políticas públicas y de la
sociedad en su conjunto en esta tarea".
De
igual manera el déficit de equipamiento sanitario y servicios
sociales en general, implica para la población de los barrios
pobres trasladarse a hospitales públicos cuya distancia sumada a
la falta de transporte, ante una emergencia -accidentes, partos-
implica muchas veces consecuencias irreversibles para la vida y la
salud de la población. Son las mujeres en casi la totalidad de
los casos las que asumen la responsabilidad de los enfermos de la
familia como son
ellas también quienes llevan los niños a vacunar o al médico.
Los
estudios desarrollados por Vaiou
para la ciudad de Atenas reafirman
los resultados de nuestras investigaciones ..."la
educación, la sanidad, la atención a las personas mayores o
disminuidas son algunos de los ejemplos característicos de como
la distribución de "recursos de consumo colectivo" da
por supuesto que la necesidad de algunos servicios se satisfará
desde el propio ámbito familiar; presupone además que algún
miembro de cada familia, es decir, alguna mujer, estará
disponible o dispuesta para proporcionar o complementar los
servicios necesarios".
Ahora
bien, es necesario señalar aquí
que el problema de la calidad de vida de las mujeres en las
ciudades no puede limitarse a ser abordado siempre y cuando se lo
asocie a la pobreza. El argumento utilizado de alguna manera
define la orientación de la política hacia las mujeres. Las políticas
pueden ser consideradas una forma de asistir a mujeres en
situaciones vulnerables o, al contrario, como una modalidad de
extensión de los derechos ciudadanos y profundización de la
democracia.
Al
respecto resulta relevante la experiencia de Italia -luego
replicada en España- donde la problemática del uso del tiempo
fue abordado no sólo desde el ámbito académico, sino que gran
parte del trabajo se ha realizado en el ámbito de la acción política,
habiendo logrado que un problema del ámbito privado -la falta de
tiempo de las mujeres por su doble presencia productiva y
reproductiva- se traslade al ámbito público.
Resultado
de este trabajo es la propuesta de Ley de iniciativa popular,
presentada en 1990, por las mujeres comunistas denominada "Las
mujeres cambian los tiempos, una ley para humanizar los tiempos
del trabajo, los horarios de la ciudad y el ritmo de la
vida". La ley abarca tres aspectos principales:
1.
los ciclos de la vida;
2.
los horarios de trabajo;
3.
los tiempos en la ciudad.
La
ciudad, sus espacios y sus tiempos deben dar cabida a la
complejidad de la vida humana, partiendo de los cambios que las
mujeres producen. Las mujeres eligen vivir hoy plenamente la
multiplicidad de experiencias que la vida propone: el trabajo, la
familia, los afectos, el estudio, el tiempo para sí mismas. Sin
embargo, se encuentran con una organización material y simbólica
de la sociedad, basada aún en las relaciones sociales de los
sexos, que tiende a negar esta experiencia de vida múltiple y
compleja dejando casi inalterada la división sexual del trabajo.
La
implementación de esta Ley y en lo que respecta a los tiempos de
la ciudad, se traduce en una reorganización de los tiempos
-horarios de los servicios públicos, comercios, etc.- para
adaptarlos a la nueva realidad de hombres y mujeres.
El
hábitat urbano como construcción social refleja
la estructura de poder de la sociedad articulando clase y género.
La
contradicción entre la cotidianeidad femenina y el hábitat
urbano esta agudizándose; mientras que la participación de la
mujer en el trabajo asalariado y en la recreación va creciendo,
la separación de funciones sigue reflejando la ideología de la
domesticidad.
Con
la creciente segregación aumentan las distancias, el déficit en
transporte público y la inseguridad social, conocidos obstáculos
todos ellos para la participación de la mujer en el espacio público
(Vaiou & Hadjimichalis, 1987; Hajonides et.al.,1987).
En
relación a la segunda cuestión que nos planteamos como tema de
debate, la articulación Ong's-Centros Académicos-Estado, y
mirando a ésta desde los avances del movimiento de mujeres
coincidimos con Coelho(94), que expresa distintas posiciones al
respecto.
Están
las que niegan el esfuerzo de
acciones sobre las instancias de gobierno, sosteniendo que
no habrá cambios para modificar la situación de subordinación
de las mujeres. Centrándose dicha posición en la necesidad de
cambios culturales y por lo tanto remover en profundidad los
valores históricos y tradicionales de la sociedad, de los cuales
el Estado y sus gobiernos son expresión. Por lo tanto se plantean
actuar prescindiendo del Estado.
Una
segunda vertiente otorga mayor centralidad a la interrelación
-ONG - Estado, pero reconociéndose a su vez distintas posiciones.
Simplificando las mismas: están las que definen a dicha
interrelación como espacios de mera instrumentación de los
gobiernos y por lo tanto la articulación debería estar centrada
en la denuncia. Otras posturas consideran que el Estado no es
monolítico, por lo cual hay resquicios, espacios, momentos y
oportunidades que posibilitan en determinadas circunstancias
articular acciones, negociar, concertar, impactar, etc.
Coincidiendo
con esta última posición creemos necesario analizar las
articulaciones posibles en el marco de las complejidades que se
dan dentro del Estado. Como así también cruzar estos análisis,
vinculándolos al debate alrededor del "empoderamiento"
de las mujeres.
Si
uno de los objetivos es impactar las políticas públicas y buscar
"empoderar" a las mujeres, parece necesario trabajar
sobre el Estado, sobre los gobiernos en tanto son éstos los
ejecutores de las políticas.
Para
Meny y Thoening, las políticas públicas engloban el conjunto de
procesos mediante los cuales las demandas sociales se transforman
en opciones políticas y en tema de decisión de las autoridades públicas.
Como
sostienen Guzmán-Salazar (92) para que un problema, sea considerado
objeto de una acción pública, primero tiene que ser
"construido", debe transformarse en un problema político,
es decir, ser la expresión de una demanda social traducida a los
términos propios del juego político oficial.
En
este sentido resulta imprescindible la difusión y comparación de
los estudios de género en distintos contextos históricos, geográficos
y sociales que nos muestran como feminidad y masculinidad son
construcciones sociales, y por
lo tanto nos permitan incidir en cada realidad y aportar a su
transformación.
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