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Las
últimas elecciones democráticas a Jefaturas de Estado marcan un
ascenso del número de mujeres al poder ostentado hasta ahora por M.
McAleese en Irlanda, Vaira
Vike-Freiberga en
Letonia, o Gloria
Macacapagal en
Filipinas, hasta once. Los escenarios y continentes son dispares: Angela Merkel
lidera una potencia económica como Alemania, Michelle Bachelet
un país latinoamericano en expansión como Chile, Ellen J. Sirleaf
un país africano con un gran reto tras una cruenta guerra civil:
Liberia, y la ganadora (por segunda vez) Tarja
K. Halonen, Finlandia.
Hay coincidencias: han luchado contra oponentes masculinos, están
en la edad de la madurez y comparten la idea de la distribución
natural del poder.
Además
de las seis presidentas, otras cuatro mujeres en el mundo que
pasaron por las urnas ejercen como primeras ministras. Se trata de
Khaleda
Zia
en Bangladesh, Luisa
Diogo
en Mozambique, María
Do Carmo Silveira
en Santo Tomé y Príncipe y la canciller Angela Merkel en la República
Federal de Alemania.
Al
margen de las urnas, las monarquías europeas de Reino Unido,
Holanda y Dinamarca tienen también a las reinas Isabel
II,
Beatriz
y Margarita
al frente de sus respectivas Jefaturas del Estado. También la
princesa Victoria se prepara para reinar en Suecia, mientras que
en España se prepara un cambio legislativo para que la pequeña
infanta Leonor de
Borbón
pueda suceder a su padre, el príncipe de Asturias.
El
fenómeno, unido a la creciente participación de mujeres en
puestos de alta responsabilidad política, social y económica
indica que la situación de la mujer está cada vez más
normalizada y que la extendida
idea de ser ciudadanas de segunda está siendo abandonada por
hombres y mujeres.
Claro
que éste no es un fenómeno inédito por mucho que los medios de
comunicación y la Historia las eclipse. En Europa han habido influyentes predecesoras como M.
Thatcher o V.
Finnbogadottir; en Latinoamérica: María
E. Martinez de Perón en
Argentina, la guayanense
J. Rosemberg,
la panameña M.
Moscoso o la nicaragüense V.
Chamorro, etc.; en Israel
G. Meier;
en la India I.
Gandhi; o en Pakistan B.
Bhutto. Recordar también
a Vigdís
Finnbogadóttir en Islandia
(1980-1996), Agatha
Barbara en Malta
(1982-1987), Mary Robinson en Irlanda (1990-1997), Mary McAleese (desde 1997) en Irlanda,
Hellen Clark en Nueva
Zelanda (1999), y
Ruth
Dreifuss en Suiza (1999).
Con
respecto a los cargos ministeriales, según la representación política
de la mujer..., en Europa, sólo Suecia y los Países Bajos son
los únicos dos países donde las mujeres representan un 30% de
los puestos ministeriales y subministeriales, la cifra recomendada
por la IV Conferencia Internacional sobre Mujeres de Pekín.
Hay
que destacar que, entre 1987 y 1997, el promedio de participación
femenina en los ministerios de los países miembros de la UE se
triplicó del 7,3 al 22,7%. Sin embargo, las ministras tienden a
ocupar carteras "típicamente femeninas" como Salud,
Educación, Medio Ambiente, Bienestar Social...
Sigue
por debajo del 5% el porcentaje de mujeres en ministerios como
Defensa, Economía y Asuntos Exteriores. Sólo Finlandia y Suecia,
en 1997, tenían mujeres en Asuntos Exteriores y en Irlanda, Mary
McAleese nombró a una mujer en Economía.
En
América Latina, el índice de mujeres ministras en 1997 fue del
8,4%. Por encima del promedio regional estaban Colombia y Chile,
con tres ministras, lo que representaba el 18,7 y el 15%
respectivamente. Le seguían Argentina y Ecuador con 12,5%. Los
índices más bajos eran los de Brasil (3,7%), Honduras (5,2%) y
Perú (5,5%). En cargos del sector público de alto nivel pueden
mencionarse algunos avances recientes como la Secretaria de
Relaciones Exteriores de México, la Ministra de Justicia de
Chile, la Presidenta del Banco Central de Venezuela.
El
Banco Interamericano de Desarrollo elaboró los siguientes cuadros
sobre mujeres y toma de decisiones en América Latina.
CUOTAS
PARA EQUILIBRAR EL PODER
A
mediados de los años setenta, la tasa promedio de escaños
ocupados por mujeres en la UE (incluyendo Austria, Finlandia y
Suecia) no superaba el 9%. En 1989, el porcentaje promedio de la
UE sólo había aumentado en tres puntos, alcanzando el 11,8%.
A
fines de la década del ochenta, la participación política de
las mujeres europeas en el Parlamento tampoco había experimentado
grandes variaciones, según datos de Carmen
Martínez Ten.
En ese momento, para Martínez Ten, estos datos revelaban que la
falta de participación de las mujeres en la política era un
problema estructural -salvo el caso de los países nórdicos que
contaban con sistema de cuotas- y que no se podía confiar en el
tiempo y en desarrollo socioeconómico para resolverlo:
"Para romper el círculo vicioso se puede recurrir a los
mecanismos de discriminación positiva o cuota política por sexo,
es decir, a la reserva obligatoria de puestos políticos para
mujeres, que es lo que ha permitido que en Noruega, mediante la
presión social y a partir de una ley de 1983, las mujeres tengan
una representación del 33,8% en el Parlamento. Tras eso han
venido una mujer primera ministra y además ocho carteras
ministeriales para mujeres”, decía la que fuera presidenta
de la Federación de Mujeres Progresistas.
Y
añadía con gran visión de futuro, a principios de los noventa,
que: “Las medidas de discriminación
positiva
forman parte de una estrategia global que ha sido recomendada por
la conferencia ministerial europea sobre la igualdad que se
celebró en Estrasburgo en marzo de 1986. Quizá con eso no baste
pero no sería un mal comienzo"
Tanto
en la UE como en Latinoamérica, el sistema de cuotas
ha llegado a ser, sobre todo desde 1995, una estrategia cada vez
más frecuente para reducir la subrepresentación femenina en la
política.
Existen
dos tipos de cuotas:
-las
establecidas por legislación nacional que garantizan que un
determinado porcentaje de escaños sea ocupado por mujeres.
-las
adoptadas por los partidos políticos para asegurar que una
proporción de las listas electorales se reparta entre mujeres.
En
la UE, Bélgica es el único país con cuotas aprobadas por
legislación nacional en 1994 (33,3%). En cambio, nueve países
emplean cuotas a nivel de partidos políticos: Alemania, Austria,
Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Irlanda y Suecia.
En Alemania, los socialdemócratas en su congreso celebrado en
Munster en 1988, aprobaron elevar su cuota de mujeres al
Parlamento y a cargos de responsabilidad en el partido, del 33% al
40%. En el caso del Partido Verde, se aplica la paridad 50 y 50.
En
España, el Partido Socialista Obrero español estableció que en
todas sus órganos de representación no puede haber nunca más de
un 75% de personas de un mismo sexo. En 2004 el PSOE implantó la
democracia paritaria. Más de 15 años después de los datos
citados por Martínez Ten, puede verse la evolución en el
siguiente cuadro sobre participación política de la mujer que
elaboramos a partir de los datos del Informe de
Desarrollo Humano 2005,
realizado Naciones Unidas.
|
DESARROLLO
HUMANO ALTO (PNUD)
|
País
|
Parlamentarias Mujeres 1990 (%)
|
Parlamentarias Mujeres 2005 (%)
|
Mujeres con cargo en Gobierno a nivel ministerial. 2005 (%)
|
|
Noruega
|
36
|
38,2
|
44,4
|
|
Islandia
|
21
|
30,2
|
27,3
|
|
Luxemburgo
|
13
|
23,3
|
14,3
|
|
Australia
|
6
|
24,7
|
20,0
|
|
Suecia
|
38
|
45,3
|
52,4
|
|
Irlanda
|
8
|
13,3
|
21,4
|
|
Bélgica
|
9
|
34,7
|
21,4
|
|
Estados
Unidos
|
7
|
15,0
|
14,3
|
|
Japón
|
1
|
7,1
|
12,5
|
|
Países
Bajos
|
21
|
36,7
|
36,0
|
|
Finlandia
|
32
|
37,5
|
47,1
|
|
Dinamarca
|
31
|
36,9
|
33,3
|
|
Reino
Unido
|
6
|
18,1
|
28,6
|
|
Francia
|
7
|
12,2
|
17,6
|
|
Austria
|
12
|
33,9
|
35,3
|
|
Italia
|
13
|
11,5
|
8,3
|
|
Nueva
Zelanda
|
14
|
28,3
|
23,1
|
|
Alemania
|
0
|
32,8
|
46,2
|
|
ESPAÑA
|
15
|
36,0
|
50,0
|
|
Grecia
|
7
|
14,0
|
5,6
|
|
Eslovenia
|
0
|
12,2
|
6,3
|
|
Portugal
|
8
|
19,1
|
16,7
|
|
República
de Corea
|
2
|
13,0
|
5,6
|
|
Chipre
|
2
|
16,1
|
0
|
|
República
Checa
|
0
|
17,0
|
11,1
|
|
Argentina
|
6
|
33,7
|
8,3
|
|
Malta
|
3
|
9,2
|
15,4
|
|
Hungría
|
21
|
| | |