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Hito Histórico.
Bajo el nuevo gobierno socialista, presidido por José Luis Rodríguez
Zapatero, se puede hablar de auténtica revolución femenina.
Durante su investidura prometió que sería la de la normalización
plena de los derechos de las mujeres, e hizo también historia al
nombrar a una mujer, Mª
Teresa Fernández de la Vega
como Vicepresidenta del Gobierno y designar un ejecutivo paritario
compuesto por la mitad de ministros y mitad
de ministras,
porcentaje sólo comparable a lo que sucede en las democracias nórdicas.
Nombró
también a una mujer, Carmen
Caffarel,
para dirigir el influyente canal público Televisión Española.
Otra
de las promesas del nuevo mandatario es abolir la ley que
beneficia al varón sobre la mujer en la sucesión al Trono de
España, por lo que la hija de los príncipes de Asturias, Doña
Leonor de Borbón, podría llegar a ser la primera española que
se convirtiera en reina después de tres extranjeras, María
Cristina
de Austria, Victoria
Eugenia
de Inglaterra, y la actual Sofía de
Grecia.
La
elección de la jueza progresista María
Emilia Casas Baamonde
como nueva presidenta del Tribunal Constitucional vino, también,
a confirmar esta feminización del espectro político español.
Pese
al optimismo que nos produce este esfuerzo político porque las
mujeres alcancen mayores cuotas de poder, hay que reconocer que
siguen persistiendo grandes diferencias entre mujeres y hombres a
la hora de hablar de cargos de responsabilidad y toma de
decisiones. Así lo pone de manifiesto el Informe “Mujeres
y Hombres en España 2006”
elaborado conjuntamente por el Instituto Nacional de Estadística
(INE) y el Instituto de la Mujer. Este trabajo pretende ofrecer
información sobre la desigualdad de género en la sociedad, con
la pretensión de que la información aportada permita promover
políticas idóneas de igualdad.
Según
recoge esta publicación, se están produciendo avances hacia la
igualdad de género en algunos sectores. Sin embargo, la mujer
sigue sin estar adecuadamente representada en muchos otros ámbitos
sociales, laborales y políticos en relación con su peso demográfico
(50,6 de la población). Así, sólo el 36%
de los diputados, el 35%
del profesorado universitario,
el 29%
del empresariado y el 31%
de los altos cargos de la Administración (Ministros
y secretarios de Estado) son mujeres.
La
representación femenina en el Congreso
de los Diputados ha ascendido paulatinamente, pasando del 4,57%
de la legislatura 1982-1986 hasta el 36%
de la legislatura en curso.
En
el año 2004 en ocho comunidades la representación femenina en el
Parlamento Autonómico
supera a la registrada en el Congreso de Diputados: Extremadura
(36,92%), Islas Baleares (37,5%), Madrid (37,84%), La Rioja
(39,39%), Andalucía (39,45%), Cantabria (41,03%), Comunidad
Valenciana (41,57%) y Castilla-La Mancha (53,19%). El porcentaje
medio nacional de concejalas
fue del 27,35% en 2003.
Además,
se ha producido un lento ascenso en el porcentaje de Funcionarias
en los últimos años. En 2002 se superó la cota del 50% y en
julio de 2005 se alcanzaba el 52,7%. Esto supone que las mujeres
están adecuadamente representadas en las Administraciones Públicas
en relación con su peso demográfico, aunque la representación
varía según los departamentos, desde el 70,1% en Cultura hasta
el 34,7% en Interior.
No
obstante, la participación de la mujer en los altos cargos de la Administración
(Ministros y Secretarios de Estado) es aún escasa (31%) a pesar
de su tendencia ascendente
En
el ámbito del Poder
Judicial la representación femenina (del 42,05% en 2004) es
inferior a su proporción demográfica, situación que se acentúa
en los tramos superiores (37,2%).
En
el Cuerpo de Policía,
las mujeres representan sólo el 11,39% de los funcionarios de
carrera, mientras que son el 73,71% del personal laboral. Prácticamente
la misma cifra es la representación femenina en los 3 Ejércitos,
destacando la Armada como la menos feminizada.
Según
Datos que se pueden consultar en el Libro de la Federación de
Mujeres Progresistas: “Progresando
en la Igualdad”, las
mujeres en el Cuerpo Diplomático
son 150 frente a los 650 hombres, lo que representa un 23,07%.
Cifra que desciende considerablemente cuando hablamos de Embajadas o Misiones Especiales, ya que sólo hay un 7,7% de
mujeres.
ANTECEDENTES
Aunque
hoy día nos parece habitual hablar de igualdad, e incluso las
mujeres de países desarrollados encontramos déficits donde las
mujeres del tercer y cuarto mundos no encuentran ni respeto por
sus más elementales derechos humanos, hay que señalar que para
encontrar españolas en el poder habría que trasladarse al
reinado de los reyes católicos y, en concreto, al mandato de Isabel
de Castilla,
impulsora de la creación de España como nación cristiana y de
los viajes de Cristóbal Colón, que acabaron finalmente con la
conquista de América en 1492.
Trescientos
cincuenta años después, su tocaya, Isabel
II,
coronada reina de España en 1843 con apenas 13 años de edad, ha
trascendido más en la Historia por sus relaciones amorosas que
por modernizar el país y evitar las luchas fraticidas entre
liberales y conservadores.
Estas
luchas acabaron con su abdicación en 1870 en favor de su hijo
Alfonso XII y precipitó la descomposición del país que provocaría
según algunos expertos el estallido de la guerra civil en 1936.
Al
reinado de las dos Isabeles, dos gotas femeninas en un océano
masculino, se unen por su condición de líderes de masas Victoria
Kent,
Clara
Campoamor
(defensoras del derecho a voto de las mujeres) y Dolores Ibárruri,
alias La Pasionaria, que fue presidenta del Partido Comunista de
España hasta su muerte, en 1989.
La
Pasionaria fue la autora del No Pasarán, que gritó cuando las
tropas franquistas asediaban el Madrid republicano, y que se
universalizó como lema y símbolo de la resistencia al
totalitarismo, mientras que la abogada Kent fue la primera mujer
en el mundo que defendió un caso ante un Tribunal Supremo —y
que además ganó—, y compartió junto con la feminista Clara
Campoamor el honor de ser las primeras españolas elegidas
diputadas, en 1931.
La
desaparición
de la mujer de cualquier centro de decisión en los 40 años de régimen
franquista
y su completa sumisión al hombre empezó a resquebrajarse con la
reinstauración de la democracia.
En
1978 se despenaliza el uso de anticonceptivos y tres años más
tarde se aprueba la ley del divorcio. Bajo el mandato del
socialista Felipe
González
(1982-1996) se aprueba la primera ley de despenalización del
aborto y se aprueba un polémico tope mínimo de 25 % de mujeres
en la Cámara de Diputados.
Durante el gobierno del conservador José
María Aznar
(1996-2004) se produce un salto cualitativo en la feminización de
la política, al ser elegidas dos mujeres como presidentas del
Congreso —Luisa
Fernanda Rudi—
y del Senado —Esperanza
Aguirre—.
Esta última ganó, además, en 2003 las elecciones en la
Comunidad de Madrid, y es, desde entonces, la primera mujer
gobernadora de lo que equivaldría a un estado mexicano.
Auténtica
evolución.
Pero es bajo el nuevo gobierno socialista, el presidido por José
Luis Rodríguez
Zapatero,
cuando se puede hablar de auténtica revolución femenina, luego
de nombrar como vicepresidenta a María
Teresa Fernández de la Vega,
quien durante la visita de Zapatero a la Cumbre de Guadalajara,
protagonizó un acontecimiento histórico al convertirse en la primera
mujer que gobierna, aunque interinamente, España.
Zapatero,
quien durante su investidura prometió que sería la de la
normalización plena de los derechos de las mujeres, hizo también
historia al designar un gobierno mitad de ministros y mitad de
ministras, porcentaje sólo comparable a lo que sucede en las
democracias nórdicas. Nombró también a una mujer, Carmen
Caffarel,
para dirigir el influyente canal público Televisión Española.
Otra
de las promesas del nuevo mandatario es abolir la ley que
beneficia al varón sobre la mujer en la sucesión al Trono de
España, noticia que coincide con el reciente casamiento del príncipe
Felipe con doña Letizia Ortiz, la primera española que se
convertirá en reina después de tres extranjeras, María Cristina
de Austria, Victoria Eugenia de Inglaterra, y la actual Sofía de
Grecia. Al ser el primogénito
de Felipe y Letizia una niña, es casi seguro que España tendrá
en un futuro una monarca.
La
elección de la juez progresista María
Emilia Casas Baamonde
como nueva presidenta del Tribunal Constitucional viene, por
tanto, a confirmar esta feminización del espectro político español,
aunque queda la gran asignatura pendiente: la elección de una
mujer como futura presidenta del gobierno de España.
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