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Convivencia de los Inmigrantes en la sociedad española

Según un Estudio realizado por la Dirección General de Migraciones y el Observatorio Permanente de la Inmigración, las conclusiones más importantes que pueden derivarse de los datos analizados en relación con la convivencia de los inmigrantes en la sociedad española son las siguientes:

  • Alrededor de dos tercios de los inmigrantes viven en viviendas familiares, y uno de cada cuatro vive con amigos o compañeros de trabajo en estilo comuna, pero alrededor de uno de cada cinco norteafricanos y subsaharianos carecen de residencia fija.

  • Los inmigrantes pagan cada vez un alquiler más alto por su vivienda, hasta el punto de que un 23% paga entre 300 y 600 euros mensuales, e incluso un 3% pagan más de 600 euros al mes.

  • Coherentemente con el tipo de vivienda en que residen los inmigrantes, alrededor de la mitad de ellos afirman vivir con familiares, y alrededor de una cuarta parte viven con amigos y compañeros de trabajo.

En términos relativos (por comparación con otros grupos de inmigrantes) los latinoamericanos son los más proclives a vivir con familiares, mientras que los asiáticos viven con compañeros de trabajo (debido a las redes familiares y nacionales de estos inmigrantes)en proporción doble a los demás inmigrantes, y los norteafricanos, y aún más los subsaharianos, sobresalen por ser los que en mayor proporción conviven con otros inmigrantes.

  • Algo más de un tercio de los inmigrantes viven con su cónyuge (alrededor de la mitad entre los latinoamericanos y los europeos del Este),y proporciones algo inferiores viven con algún hijo y/o con otros parientes. Pero más de una cuarta parte de los subsaharianos viven con otros inmigrantes (de su propio país o de otro país),una proporción que es el doble o más que la que se observa entre los demás inmigrantes.

  • Alrededor de uno de cada cinco inmigrantes que viven con su cónyuge tienen cónyuge español, una proporción que, siendo baja (un 5% del total de inmigrantes, más o menos),implica sin embargo un incremento significativo de la exogamia entre los españoles. Por supuesto los matrimonios mixtos son más frecuentes con los latinoamericanos, y menos frecuentes con norteafricanos y subsaharianos.

  • •Entre los inmigrantes que conviven con hijos casi tres cuartas partes los tienen escolarizados, y la mayoría de los demás es que conviven con hijos que no están en edad escolar. En realidad, menos del 5% de los que conviven con hijos en edad escolar no han escolarizado a esos hijos.

  • •Uno de cada cuatro inmigrantes afirma haber tenido siempre muchas dificultades para encontrar trabajo al llegar a España, pero una proporción similar dice que no ha tenido nunca dificultades para encontrar trabajo. El resto ha tenido dificultades algunas veces o la mayoría de las veces. Los subsaharianos y los norteafricanos son los que han tenido más dificultades para encontrar trabajo, mientras que los asiáticos son los que han tenido menos dificultades.

  • Y parece que las variables que más contribuyen a explicar las dificultades para encontrar trabajo son la procedencia de los inmigrantes y su integración en la sociedad española.

  • La falta de papeles es la causa más mencionada por todos los inmigrantes como obstáculo para encontrar trabajo, y en proporción algo inferior se menciona también la escasez de empleos, tanto para los españoles como para los inmigrantes. Los asiáticos, sin embargo, mencionan como principal obstáculo para lograr un trabajo su desconocimiento del idioma, mientras que los subsaharianos son los que más se refieren a la raza como principal obstáculo para obtener empleo. Curiosamente, la religión no es apenas mencionada por los inmigrantes como obstáculo para lograr trabajo.

  • La mayoría de los inmigrantes ha obtenido su último empleo directamente o con la ayuda de familiares, amigos y otros inmigrantes, es decir, a través de mecanismos interpersonales y no institucionales. Contrariamente a lo que algunos piensan e incluso afirman, sólo alrededor de un 5% de los inmigrantes afirman haber tenido que pagar por conseguir su empleo actual.

  • La casi totalidad de los inmigrantes mayores de 18 años forman parte de la población activa (sólo alrededor de un 5% no forman parte de ella), pero alrededor de un tercio están en el paro, y una proporción similar están trabajando tiempo completo y con contrato, pero la proporción de inmigrantes que trabaja sin contrato ha aumentado extraordinariamente desde un 2% en el año 2000 a un 23% en la actualidad.

  • El paro es significativamente más alto entre los inmigrantes con bajo nivel educativo, y llega a ser del 50% entre los subsaharianos, un 40% entre los norteafricanos, pero se reduce a un 25% entre los latinoamericanos y hasta un 12% entre los asiáticos. El paro es significativamente más alto cuanto menor es el tiempo que el inmigrante lleva viviendo en España.

  • Los datos disponibles sugieren que los inmigrantes posiblemente tienen en España un estatus ocupacional más bajo que el de sus padres en sus países de origen, pero esta pérdida de estatus relativa es solo temporal, de manera que cuanto más tiempo llevan en España menor es la diferencia (e incluso inversa)con sus padres. La inmensa mayoría de los inmigrantes, además, trabaja por cuenta ajena, aunque está creciendo la proporción de los autónomos, posiblemente como consecuencia de la escasez de empleo, tanto para inmigrantes como para españoles.

  • Los servicios (generalmente personales), la agricultura y el comercio constituyen los tres grandes sectores de la economía en los que se concentran la mayor parte de los trabajadores inmigrantes.

  • Contrariamente a lo que pueda pensarse, tres de cada cuatro inmigrantes con papeles, y dos de cada tres sin papeles, lograron su primer empleo antes de los seis meses desde su llegada a España, y su primer trabajo lo lograron principalmente en el servicio doméstico, la agricultura, la construcción y la hostelería. Esta investigación pone también de manifiesto que un tercio de los inmigrantes encontró su primer trabajo en España en el mismo sector de la economía que el último sector en el que trabajó en su país de origen.

  • Comparando el estatus ocupacional de los inmigrantes con el de sus padres, se comprueba que el 7% de los inmigrantes han experimentado movilidad ascendente, mientras que un 32% han experimentado una movilidad descendente,  un 34% han permanecido estables en la misma categoría ocupacional que sus padres.

  • La mitad de los inmigrantes permanecieron en su primer empleo en España menos de seis meses, pero uno de cada cinco, aproximadamente, continúa todavía en su primer empleo, aunque esta proporción llega a ser de alrededor de un tercio entre los asiáticos. Alrededor de un tercio de los inmigrantes no han cambiado nunca de trabajo, pero el promedio de cambios que han efectuado es de dos puestos de trabajo por inmigrante.

  • Más de la mitad de los españoles opinan que los inmigrantes trabajan en peores condiciones que ellos mismos (aunque sólo un 5% de españoles tiene compañeros de trabajo que sean inmigrantes).

  • Más del 80% de los inmigrantes vive en barrios en los que la mayoría de los habitantes son españoles, lo que sugiere que, al menos todavía, no se ven indicios importantes de segregación espacial de los inmigrantes en guetos urbanos.  Ha aumentado desde un 12% en 1991 hasta un 37% en el 2003 la proporción de españoles que creen que la presencia de inmigrantes procedentes de países menos desarrollados en su vecindario es grande o muy grande, o dicho de otro modo, los inmigrantes son cada vez más visibles.

  • Y cuanto mayor es la presencia percibida de inmigrantes en el barrio, mayor es el grado de molestia que dicen sentir los españoles por tener como vecinos a sudamericanos, marroquíes, subsaharianos, europeos del Este y chinos. Pero la percepción de más o menos inmigrantes en el barrio no influye sobre el grado de xenofobia, ya que éste depende de ciertas características del individuo y no del contexto social en el que vive.

  • Más de dos tercios de los inmigrantes afirman que la mayoría de las personas con las que tienen trato más frecuente son españoles. Los latinoamericanos son los que muestran un trato más frecuente con españoles, incluso cuando se controlan otras variables, pero el grado de integración social, el nivel educativo y la mayor presencia de españoles en el vecindario contribuye,  igualdad de otros factores,  que el trato con españoles sea mayor.

  • También en el trabajo se advierte una mezcla de españoles e inmigrantes, excepto en el caso de los asiáticos, la mitad de los cuales afirma que la mayoría de sus compañeros de trabajo son de su país.

  • Solo un 41% de españoles, según la investigación del 2003, han tenido una conversación con un sudamericano, y proporciones inferiores la han tenido con otros inmigrantes, siendo mínima la proporción de quienes han hablado con un chino (11%).Los españoles de mayor nivel educativo y más orientados hacia los nuevos valores posmaterialistas son los que en mayor medida han tenido alguna conversación con un inmigrante. Los que han hablado con algún inmigrante tienden a ser algo menos xenófobos que los que no han hablado con ellos nunca, y tienden a ser menos partidarios de limitar la inmigración. Pero la inmensa mayoría de los que han mantenido una conversación con un inmigrante afirman no haber variado su opinión sobre los inmigrantes, aunque los que mejoraron su opinión son significativamente más que los que la empeoraron.

  • Menos de un 20% de los españoles tiene relación de parentesco o amistad con inmigrantes y menos de un 10% tiene relación laboral con ellos.

  • Con independencia de los datos anteriores, y sin entrar en contradicción con ellos, tres de cada cuatro inmigrantes afirman que se ven con personas de su país al menos una vez a la semana. El trato con personas de su propio país es más frecuente entre los inmigrantes de bajo nivel educativo, entre los menos integrados socialmente, entre los que viven en barrios donde predominan los inmigrantes, y entre los que tienen más trato social con inmigrantes.

  • Nueve de cada diez inmigrantes utiliza el teléfono para relacionarse con personas de su propio país, muy por encima de cualquier otro medio de comunicación, pero más de tres cuartas partes no pertenece a ninguna asociación de inmigrantes de su país.

  • La mitad de los inmigrantes está pensando en traer alguna persona de su país, generalmente familiares, pero la mitad de los inmigrantes en España afirma que nunca ha vuelto a su país, y de los que lo han hecho, la mitad afirman que el trato que reciben de sus compatriotas al volver es similar al de siempre, pero predominan levemente los que afirman que reciben ahora mejor trato sobre los que dicen que reciben ahora peor trato que el que recibían antes de marcharse de su país.

  • Los dos problemas más importantes de los inmigrantes al llegar a España, con gran diferencia sobre cualquier otro, son la obtención de papeles (su regularización)y encontrar trabajo, aunque uno de cada cuatro asiáticos afirma no haber tenido ningún problema.

  • La gran mayoría de los inmigrantes se sienten integrados en la sociedad española, tanto cuando se utiliza el índice «objetivo» como si se utiliza el índice «subjetivo ». El grado de integración es mayor cuanto mayor es el tiempo de residencia del inmigrantes en España, cuanto más fijo es su estatus laboral, y es mayor entre los regularizados, entre los que tienen cónyuge español, y entre los latinoamericanos y asiáticos (y menor entre norteafricanos y subsaharianos).

  • La población inmigrante en su conjunto opina que los latinoamericanos y los europeos del Este constituyen los dos grupos que muestran mayor interés en relacionarse con españoles, y que los norteafricanos son los que muestran menor interés. Pero todos los grupos de inmigrantes piensan que los suyos son los que tienen más interés por esas relaciones. Los españoles, además, coinciden con la apreciación de los inmigrantes respecto a que latinoamericanos y europeos del Este son los que muestran mayor interés en relacionarse con españoles.

  • Españoles e inmigrantes difieren significativamente, sin embargo, respecto a los obstáculos más importantes para la integración de los inmigrantes en la sociedad española. Mientras que los inmigrantes se refieren sobre todo a la falta de papeles, a la falta de trabajo y al desconocimiento del idioma, los españoles piensan que los obstáculos principales son la religión, las costumbres, el idioma y la falta de papeles.

  • En cuanto a las facilidades para integrarse, los inmigrantes opinan que son tener trabajo, conocer el idioma y la ayuda de familiares y amigos. La inmensa mayoría de los inmigrantes no se ha encontrado en situaciones en las que haya sido objeto de discriminación o mal trato por parte de los españoles. En todo caso, la situación en que han sufrido ese tipo de experiencia con alguna mayor frecuencia ha sido en el trabajo o al intentar conseguir trabajo. Los norteafricanos y los subsaharianos son los que más se quejan de haber sufrido discriminación o mal trato en diversas situaciones, y especialmente en el trabajo o al buscar trabajo. Pero más del 80% de los inmigrantes afirman no haberse visto obligados a ocultar su nacionalidad o a aparentar tener una nacionalidad diferente a la suya.

  • Más del 90% de los inmigrantes latinoamericanos, asiáticos, subsaharianos y europeos del Este afirman haber recibido el mismo trato por parte de los españoles después del 11-M que antes de esa fecha, pero uno de cada tres norteafricanos dice que ha recibido peor trato desde los atentados del 11-M, posiblemente por la vinculación de grupos terroristas islámicos con los atentados del 11-S y del 11-M.

  • La mitad de los inmigrantes creen que reciben el mismo trato por parte de los españoles que los inmigrantes de otras nacionalidades, y el resto se dividen más o menos por igual entre los que creen que reciben peor trato que otros y los que creen que reciben mejor trato que otros. En cualquier caso, norteafricanos y subsaharianos se consideran algo peor tratados que otros inmigrantes.

  • Los inmigrantes opinan mayoritariamente que el Gobierno español da un buen trato a los inmigrantes legales, un mal trato a los ilegales, pero muestran opiniones controvertidas respecto al trato que da a los refugiados.

  • Mas del 80% de los inmigrantes afirman no haber tenido nunca ningún conflicto personal ni con españoles ni con inmigrantes.

  • Pocos son los españoles que han tenido experiencia de la emigración, e incluso cuando se toma en cuenta a los que han viajado fuera de España, por cualquier razón, se comprueba que casi la mitad de los españoles nunca ha salido de España. Se ha observado que el grado de xenofobia y racismo es mayor entre los que nunca han salido de España, y es menor cuanto más frecuentemente han viajado fuera de España.

  • Es muy importante señalar que los inmigrantes se encuentran globalmente muy satisfechos de su experiencia en España, como lo demuestra el hecho de que tres cuartas partes volverían a venir a España si tuvieran que elegir, y una proporción similar se quedaría en España aunque tuviera la oportunidad de regresar a su país o de ir a otro país. Además, lo que menos les gusta de España son las dificultades para encontrar trabajo y ganar dinero, y lo que más les gusta es el trato de la gente, las relaciones con los españoles.

En este capítulo se ha intentado verificar la hipótesis de que los inmigrantes, en su proceso de integración en la sociedad española, se alejan poco a poco e los valores de sus compatriotas en sus países de origen, y poco a poco también van adoptando los valores de los habitantes de la sociedad de acogida, en este caso de los españoles.

  •   Para verificar esta hipótesis se ha podido disponer de los datos de tres investigaciones sobre inmigrantes en España entre el 2001 y el 2004, clasificados en latinoamericanos, asiáticos, norteafricanos, subsaharianos, europeos del Este y otros, así como de los datos para España y para los países latinoamericanos, asiáticos, norteafricanos, subsaharianos y europeos del Este que participaron en la Encuesta Mundial de Valores del 2000, utilizando aquellas variables repetidas en ambos grupos de investigaciones que tenían relación con los valores.

  • En primer término se han comparado tres variables que servirían de control, puesto que no forman parte de los valores que se esperaría que cambiasen como consecuencia de la integración de los inmigrantes en España. En efecto, el sentimiento de felicidad, la satisfacción con la vida y el control sobre la propia vida deberían estar influidos por el proceso mismo de emigración, y no tanto por la integración del inmigrante en la sociedad española. Así, como se esperaba, se ha podido comprobar que los inmigrantes se sienten en general menos felices que sus compatriotas en los países de origen (con la única excepción de los europeos del Este, y menos felices que los españoles).Pero los datos no respaldan totalmente la expectativa de que los españoles se sientan más felices que los nacionales de los países de los que proceden los inmigrantes, de manera que sólo parecen ser más felices que los norteafricanos y los europeos del Este y casi igual de felices que los asiáticos. La explicación de que los inmigrantes se sientan tan poco felices posiblemente sea la de la propia situación insegura e incierta que es la emigración, especialmente cuando se lleva en ella poco tiempo, como les sucede a la mayoría de los inmigrantes en España.

  •  La mayoría de los inmigrantes, por otra parte, se sienten más satisfechos con la vida que llevan que sus compatriotas en sus países de origen (con la excepción de los latinoamericanos y norteafricanos), pero todos ellos se sienten menos satisfechos que los españoles (que a su vez sólo se sienten menos satisfechos que los latinoamericanos en sus países de origen, pero más que todos los demás habitantes de los países citados). Se cumple así la pauta prevista, que además parece explicarse por el hecho de que el inmigrante, aun con problemas de adaptación e integración, se siente satisfecho en general por el hecho de estar en España.

  •  Pero los inmigrantes, por su situación todavía incierta, generalmente por carecer de «papeles » y por otros problemas antes examinados, sienten en general que tienen menos libertad y control sobre sus propias vidas que sus respectivos compatriotas en los países de origen (excepto los europeos del Este),y por supuesto menos que los españoles (excepto los latinoamericanos).Y los españoles sienten en general tener mayor libertad y control sobre sus vidas que los nacionales de países de los que proceden los inmigrantes (excepto latinoamericanos y asiáticos).Se cumple pues mayoritariamente la hipótesis inicial, aunque con alguna excepción, en el sentido de que los inmigrantes parecen adoptar cierta sensación de emancipación en el país de acogida.

  •  La confianza en la gente suele ser un indicador de modernidad y desarrollo democrático. En este sentido, los inmigrantes confían en los demás en mayor medida que sus respectivos compatriotas en sus países de origen, sin excepción, y confían en los demás casi igual e incluso más que los propios españoles, posiblemente por contraste con las sociedades de donde proceden. Y por supuesto los españoles confían más en la gente que los nacionales de países de donde proceden los inmigrantes. También en este caso se confirma la hipótesis inicial, con alguna excepción al comparar inmigrantes y españoles por la razón citada. Además, los inmigrantes confían bastante no sólo en sus familias, sino también en sus vecinos, en los comerciantes del barrio en el que viven y en la gente en general.

  •  Pero cuando se entra ya en el análisis de valores más  específicos, la hipótesis inicial se cumple de manera más rotunda y completa. Así, las sociedades tradicionales y en fase de industrialización subrayan el valor del trabajo sobre el tiempo libre, mientras que en las sociedades posindustriales se valora más el tiempo libre que el trabajo. Por ello, los inmigrantes valoran el trabajo significativamente menos que sus compatriotas en los países de los que proceden, sin excepción, pero más que los españoles, también sin excepción. La hipótesis inicial por tanto se confirma plenamente con los datos disponibles.

  •  Algo parecido ocurre con los indicadores de religiosidad. Los valores religiosos son más propios de sociedades tradicionales que de sociedades secular-racionales. Y los datos parecen confirmarlo, ya que los inmigrantes dan menos importancia a Dios en sus vidas que sus compatriotas en sus países de origen, pero más que la que le asignan los españoles (aunque los inmigrantes procedentes de países del Este de Europa asignan una importancia similar a los españoles, al venir de países con una larga tradición de secularización). De manera similar, los inmigrantes afirman encontrar consuelo y fortaleza en la religión en menor medida que sus compatriotas en los países de origen (con la excepción de latinoamericanos y asiáticos), pero más que los españoles, confirmando así la hipótesis inicial.

  •   Todos los grupos de inmigrantes coinciden en afirmar en menor proporción que sus respectivos compatriotas en sus países de origen que una mujer necesita tener hijos para realizarse (excepto los latinoamericanos), pero su acuerdo con que lo necesitan es mayor que entre los españoles. También en este caso, por tanto, parece confirmarse la hipótesis inicial.

  •  Los inmigrantes conceden más importancia a la independencia y a la determinación perseverancia como cualidades que se deberían enseñar a los niños en el hogar, y conceden menos importancia que a la fe religiosa y la obediencia, justo al contrario que sus compatriotas en los países de origen. Los españoles conceden mas importancia a la independencia y a la obediencia, pero las diferencias que en algunas de estas cuestiones se observan al compararlos con los inmigrantes parecen atribuibles a la excesiva juventud de los inmigrantes y al envejecimiento de la población española, de manera que la edad de unos y otros explicaría las diferencias encontradas.

  •  En cuanto a valores políticos, los inmigrantes son menos partidarios que sus compatriotas en los países de origen en gobiernos basados en un líder fuerte, en expertos o en militares, y más partidarios del sistema político democrático (la única excepción suelen ser los norteafricanos-marroquíes). Pero las preferencias por estos cuatro tipos de gobierno son similares entre inmigrantes y españoles, sin que se observen diferencias significativas.

  •  Casi sin excepción, los inmigrantes justifican en mayor medida la homosexualidad, el divorcio, el aborto y la prostitución que sus compatriotas en los países de origen, pero su justificación es inferior a la de los españoles, confirmando así la hipótesis inicial. Pero en gran medida se observa casi la pauta contraria respecto a otros comportamientos que tienen que ver con valores de civismo más que con cuestiones de moral sexual y familiar. En efecto, los inmigrantes justifican en general más que sus compatriotas el engaño en los impuestos y la aceptación de un soborno, y en similar medida (a veces más incluso) que los españoles.

  •  Finalmente, y como corolario a todo lo anterior, se ha comprobado que los inmigrantes son más posmaterialistas que sus compatriotas en los países de origen, pero en gran medida lo son también más que los españoles, si bien, teniendo en cuenta que el cambio de valores es sobre todo un cambio generacional, se ha comparado el posmaterialismo de inmigrantes y españoles controlando la edad, de manera que al hacerlo así se observa que los españoles tienen en general un mayor grado de posmaterialismo que los inmigrantes. Además, se ha verificado la alta correlación entre el posmaterialismo y todos los demás indicadores de valores analizados en este capítulo, así como que el posmaterialismo parece estar directamente relacionado con el nivel educativo e inversamente relacionado con la edad y con la práctica religiosa, tanto entre los nacionales que viven en los países de los que proceden los inmigrantes y los españoles como entre los inmigrantes

 

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