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Este
cambio está generando modificaciones tan globales en las
relaciones que ningún varón puede permanecer neutral, ya que al
modificarse tan radicalmente el lugar asignado a la mujer en la
cultura, esto no puede sino provocar paralelamente un cuestionamiento
del propio lugar del varón: en el mundo, ante las mujeres,
ante los otros varones y ante sí mismo.
Se suele describir esta situación
masculina como crisis de identidad. Sin embargo, esta definición
no se ciñe a la realidad, ya que no son planteadas por la mayoría
de los varones. Lo que sí es verdad es que actualmente hay una
gran crisis, pero de legitimación del modelo social de
masculinidad tradicional.
Dicha
crisis quita validación a muchas "verdades" masculinas,
entre ellas la de la "naturalidad" de la subordinación
de la mujer, lo que genera no una crisis pero sí inquietud y
desconcierto a muchos varones.
Consultar
cuadros sobre los movimientos y luchas sociales que tienen a la
masculinidad y la posición de los varones como tema principal.
(*)
Los
varones en movimiento y cambio
Del
panorama que hemos visto en los cuadros hay que destacar al menos
dos hechos significativos:
·
El primero es que los varones a los que nos referimos se están agrupando
-individual y socialmente-, en algunos pocas posiciones en relación
al cambio de las mujeres:
-
La
posición a favor del cambio, con una propuesta de
trato igualitario, que supone entender que también los
varones deben realizar cambios.
-
La
posición a favor del cambio, pero con aceptación
utilitarista o delegando en las mujeres toda iniciativa e
invirtiendo los roles tradicionales.
-
La posición a favor o de indiferencia ante el
cambio, mientras dichos cambios femeninos no cuestionen
derechos masculinos o roles adquiridos ni les creen a
ellos demasiadas contradicciones.
-
La
posición en contra de dichos cambios, puesto que
atentan contra "la natural" relación entre mujeres
y varones.

Así,
existen varones y grupos de varones profeministas, aceptadores o
indiferentes "con reservas" del feminismo, y
antifeministas. El feminismo de la diferencia habitualmente no ha
producido reacciones en los varones en tanto no los cuestiona
directamente.
Cada
varón no necesariamente permanece siempre en la misma posición,
sino que circula dinámicamente por ellas, variando su pertenencia
según su edad, sus situaciones personales, y su grado de
conciencia de la justicia entre géneros. Cabe agregar que según
muestra la experiencia clínica con varones, dichas posiciones están
también contradictoriamente luchando dentro de cada uno de ellos
(Sher,1987).

La segunda comprobación es que, desde una perspectiva relacional, cada
varón -o grupo de varones- realiza, ante las mujeres, acciones
específicas, diferenciadas y coherentes con su adscripción a una
determinada posición de las antedichas. Estas acciones son
movimientos vitales que se producen en varias direcciones dentro
de los ejes acercamiento/alejamiento,
reconocimiento/rechazo y dominación/subordinación
.
Según
la posición asumida estos movimientos son :
-
Acercamiento y reconocimiento con intercambio cooperativo
desde una óptica igualitaria de búsqueda de bienestar
compartido.
-
Acercamiento y reconocimiento parcial con intercambio utilitario,
o desconfiado frente al "poder" femenino.
-
Acercamiento y reconocimiento con pasivización masculina.
-
Alejamiento con separatismo, y aislamiento o refugio en el
mundo masculino y en la búsqueda del bienestar individual.
-
Rechazo, confrontación
y tentativa de subordinación.
Si observamos estas dos
comprobaciones desde una ética de la justicia y el respeto de género,
nos podemos hacer
numerosas preguntas:
La primera: ¿Son todas estas
respuestas de los varones dignas de igual valoración? La
respuesta es que no. Solamente la primera posición y su
movimiento correspondiente son valorables, en tanto se sostienen
en el paradigma de la igualdad. Son una posición innovadora y un
movimiento de cambio progresista y deseable, sostenidos por la
esperanza de que la relación entre sujetos iguales reemplace a
los vínculos varón sujeto/mujer objeto propios de la cultura
patriarcal. Las otras respuestas, son posiciones conservadoras y
movimientos de cambio retrógrado, rechazables y no deseables.

La
segunda pregunta: ¿Por qué tan pocos varones cambian de un modo
progresista?¿por qué, pese a que incluso muchos de ellos
proclaman verbalmente el valor de la igualdad, son tan pocos los
que desean, o se animan a adoptar posiciones innovadoras y a
emprender una marcha hacia la igualdad?. Las investigaciones sobre
la construcción de la masculinidad social y la subjetividad
masculina, quizás nos ayuden a encontrar una respuesta.
El
lugar social del varón está sustentado en los milenarios y
patriarcales mitos complementarios de la superioridad
masculina y la disponibilidad femenina. Funcionan como ideales y
mandatos sociales, conceden a los varones por el hecho de serlo,
mayores derechos que las mujeres a imponer sus razones, a la
libertad, al uso del espacio-tiempo y a ser sujeto de cuidados.
No
sólo eso: dichos mitos son los
ideales-matrices sobre los que se conforman los hábitos de
pensamiento y comportamiento, la identidad y la autoestima
masculina. Ellos legitiman la dominación masculina, e
internalizados hacen creerse a los varones que "ser y
sentirse varón" es tener derecho a ejercer poder y control
sobre las mujeres.
Los
varones tienden a sentir que con ellas hay solo dos lugares:
dominante o subordinado: por eso ellos tienden a vivir cualquier
avance de la mujer como intento de dominación femenina.
Por
todo esto, aceptar a la mujer como igual no es tarea fácil para
los varones. Cambiar hacia la igualdad supone un tremendo
esfuerzo: no sólo renunciar a derechos adquiridos, sino poner en
cuestión sus propios hábitos, su propia identidad, su
imagen de la mujer y la base de su sentido de autoestima.
Significa modificar comportamientos, pero también la propia
mente para aceptar la igualdad con la mujer y no verla solo
como amenazante o subordinada.

Cambiar es transformar dentro de sí y en lo social,
los mitos masculinos patriarcales que actúan como poderosas
resistencias al cambio e incorporar nuevos ideales. Tarea
difícil, pero que desde una ética de género, es el único modo
de innovar y no quedar atrapado entre el mortífero inmovilismo,
la nostalgia del machismo perdido o el victimismo del varón
domado.
Otros
factores se agregan para hacer difícil el movimiento de cambio
innovador de los varones: la falta de modelos de masculinidad no
tradicional, el aislamiento de los varones aliados a las mujeres,
la censura al transgresor del modelo tradicional. Por ello no
sorprende que el movimiento de cambio no sea mayoritario, ni
promovido desde ellos, sino en general "forzado"
desde el exterior.
A
pesar de los obstáculos existen varones que están reaccionando
de modo favorable hacia el cambio de las mujeres, y moviéndose
hacia la igualdad. Pero también gran número de varones
occidentales se están sumando a los movimientos de lucha contra
las mujeres y el feminismo. ¿Cual será la tendencia futura? ¿Cómo
crear motivación en los varones para un movimiento de cambio
hacia la igualdad con las mujeres? ¿Cómo generar condiciones que
promuevan su interés y neutralicen el temor a la pérdida que
para muchos de ellos significa el cambio? ¿Cómo apoyar a los que
ya están cambiando para que sigan avanzando sin romper su alianza
con las mujeres? ¿Cómo hacerles comprender la importancia del
modelo democrático, no sólo en lo público sino también en lo
doméstico? ¿cómo no encasillarse en el pasado? ¿Cómo
contribuir a desactivar los movimientos de varones conservadores
de la vieja masculinidad?
No existen muchas respuestas para estas preguntas,
pero algo es seguro: lo posible de realizar no podrá salir
desde voluntarismos y cambios individuales. Será necesario el
desarrollo de estrategias grupales y sociales que motiven a los
varones y les permitan crear o desarrollar deseos de cambio para
la igualdad. Y para ello, el modo óptimo debería ser el diseño
de políticas que estimulen esos deseos, y apoyen la producción y
la promoción del cambio masculino.
Algo
de esto ya se está haciendo, sobre todo en la Unión
Europea con estímulos tales como la flexibilización laboral
para compatibilizar vida familiar y laboral, las estrategias para
aumentar la implicación de los varones en el cuidado de las
personas y en lo doméstico, la promoción del permiso por
paternidad, las estrategias asistenciales-educativas para una
cultura masculina de la no violencia y la tolerancia, los centros
de asistencia psicológica a varones en crisis.
También
son necesarias otras acciones
con las que los varones puedan explorar nuevos roles, sus
sentimientos contradictorios hacia las mujeres, sus dificultades
para el cambio y desarrollar su capacidad empática y cuidadora. Y
donde puedan desactivar la idea de que la lucha por la igualdad
deben protagonizarla sólo las mujeres, como si los varones fueran
ajenos a ese problema
Según
numerosos estudios (Hearns,1992; Seidler;1997) los varones parecen
más proclives al cambio innovador en determinados momentos críticos
de transición vital: adolescencia, nacimiento del primer hijo,
crisis de los 30, 40 o 50, cambios en lo laboral, enfermedades o
accidentes que ponen en juego la vida, y separaciones. Teniendo en
cuenta esto, las políticas de estímulo y promoción del
cambio deberían apuntar a incidir en esos momentos.
Pero
nada podrá hacerse sino existe en última instancia, la disposición
para el cambio en los mismos varones, el deseo de tomar
iniciativas para construir vínculos más igualitarios y justos
con las mujeres y no sólo "adaptándose" pasivamente a
ellas.
Algunos
están comenzando a ser disidentes de la masculinidad dominante y
a considerar realmente a las mujeres como sujetos de iguales
derechos, con quienes se puede/se debe compartir las
responsabilidades domésticas, el trabajo y el poder.
Ahora bien, ¿Tienen algo en común estos varones que podríamos
designar con el nombre de igualitarios? En la bibliografía
anglosajona (Christian,1994), se ofrece un perfil de las prácticas de vida que generan en los varones un
ejercicio de la igualdad. Son:
-
Experiencias significativas en la infancia y adolescencia alejadas o en
colisión con las expectativas tradicionales sobre los géneros,
tales como: buena relación con madre autónoma que trabaja en
el ámbito público, padres no tradicionales, rebeldía ante
padre autoritario, o padre y hermanos mayores cuidadores y
afectuosos, falta o dificultad precoz de identificación con
los aspectos agresivos del rol viril tradicional, escolaridad
mixta y amistades femeninas habituales. Y también
experiencias adversas siendo víctima de actitudes dominantes
de otros varones (parientes, vecinos y educadores).
-
Experiencias adultas significativas tales como: el
rechazo a un padre autoritario. El "ser todo un
hombre" no aparece como un ideal de vida importante.
Experiencias en trabajos convencionalmente "no
masculinos" y en grupos de desarrollo personal, e
influenciado por varones no tradicionales. Y de modo
destacado: el acercamiento intelectual precoz al feminismo,
junto a relaciones afectivas importantes -presentes o pasadas-
con mujeres feministas.
-
Finalmente, estos varones realizaron muchas decisiones de cambios
personales en relación a redefinir su masculinidad hacia la
igualdad en momentos críticos de transición vital.

Probablemente,
si nuestra vida (como varones) está atravesada por experiencias
similares, algo más fácil nos resultará el cambio.
Pero
si estas experiencias nos han faltado, nunca es tarde para
acercarse a ellas. Vale la pena.
Los
Varones frente al cambio de las Mujeres (II)
En
este fin de siglo las mujeres, en su lucha por la igualdad, están
cambiando su relación con el mundo y consigo mismas. El
cuestionamiento de la hegemonía del poder masculino y el
fortalecimiento de sus derechos como personas/ciudadanas son parte
de esta lucha, que desafía los modelos tradicionales de relación
entre mujeres y varones.
No
cabe duda que los varones son conscientes de este desafío. Pero,
¿están reaccionando? ¿Cómo? ¿Qué posición están adoptando
frente a las nuevas mujeres? Ante los cambios de las mujeres, ¿ellos
a su vez están cambiando? Y si lo están haciendo, ¿en qué
dirección? ¿Cuáles son las tendencias dominantes de cambio en
los varones en el mundo actual? ¿Cuáles serían las reacciones y
cambios deseables en ellos y según qué criterios? ¿Existen
modos de estimular dichos cambios? En las siguientes líneas
trataré de dar algunas respuestas a estas preguntas, centrándome
para ello en lo que sucede con los varones del mundo occidental
"desarrollado".
No
es la primera vez en la historia que, frente al cambio de las
mujeres, los varones individual y socialmente se han visto
afectados, pero nunca hasta hoy lo han sido de un modo tan
general. Este cambio está generando modificaciones tan globales
en las relaciones que ningún varón puede permanecer neutral, ya
que al modificarse tan radicalmente el lugar asignado a la mujer
en la cultura, esto no puede sino provocar complementariamente un
cuestionamiento del propio lugar del varón en el mundo, ante las
mujeres, ante los otros varones y ante sí mismo.
Uno
de los modos con los que se suele describir esta situación
masculina es decir que los varones se encuentran en una crisis
de identidad. Sin embargo, esta definición no se ciñe a la
realidad, ya que las preguntas de quien siente su identidad en
crisis (especialmente: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿adónde
voy?) no son planteadas por la mayoría de los varones. Lo que sí
es verdad es que actualmente hay una gran crisis, pero de
legitimación del modelo social de masculinidad tradicional. Dicha
crisis quita validación a muchas "verdades" masculinas,
entre ellas la de la "naturalidad" de la subordinación
de la mujer, lo que genera no una crisis pero sí inquietud y
desconcierto a muchos varones.
Ahora
bien, ¿cómo podemos saber -más allá de los datos de nuestras
encuestas cotidianas- cómo afectan realmente a los varones los
cambios de las mujeres, sus luchas por la igualdad de derechos y
la creciente deslegitimación del modelo masculino tradicional?
De
acuerdo a la información especializada a la que he podido acceder
desde España -país desde el cual escribo este artículo-,
existen pocas investigaciones que se ocupan de esta cuestión.
Sin
embargo, las que lo han hecho muestran claras conclusiones. Y si a
esto agregamos la información que surge de analizar las teorías
y prácticas producidas en los últimos quince años por los
movimientos y luchas sociales que tienen a la masculinidad y la
posición de los varones como tema principal, algunas de las
preguntas iniciales pueden comenzar a ser contestadas.
Los
varones frente a los cambios femeninos
En el mundo latino y anglosajón existen pocos
estudios que investiguen específicamente el impacto que tienen
los cambios de las mujeres en el comportamiento masculino. En España
específicamente se han realizado en los últimos diez años sólo
cuatro investigaciones de este tipo. Dado que dichas
investigaciones llegan a conclusiones similares a las realizadas
en otros países del mundo "desarrollado, las tomaremos como
referencia clasificatoria”. Estas conclusiones nos muestran
diferentes tipos de respuestas masculinas al cambio femenino y
también -como representante de ese cambio- al feminismo, que son
producidas por tres categorías de varones :
·
Los contrarios a los cambios de las mujeres
Se
encuentran más frecuentemente entre los mayores de 55 años (y
también entre los menores de 21 años), o entre aquellos con
estudios medios, relacionados con mujeres que sólo realizan
tareas domésticas, afectados por el desempleo, trabajadores no
cualificados y que viven en ciudades pequeñas. Tienen un discurso androcéntrico, machista o
paternalista. Reconocen que las mujeres son más autosuficientes en la actualidad,
pero lo valoran únicamente si ellas no les reclaman más
igualdad. Si ellas lo hacen, suelen reaccionar con ira, alejándose
en actitud victimista o actuando con diversos grados de violencia
para "ponerlas en su lugar", ya que ellas
"atacan" los roles genéricos establecidos. Son
habitualmente antifeministas, descalificadores o desconocedores de
las reivindicaciones femeninas. Suelen entender la lucha de las
mujeres no como esfuerzo hacia la igualdad sino como intentos de
éstas para dominar a los varones.
·
Los favorables a los cambios de las mujeres
Son en general jóvenes, de estudios superiores,
solteros, sin hijos, relacionados con mujeres que trabajan en el
ámbito público y que viven en ciudades grandes. Muchos de ellos
se reconocen confusos por la falta de modelos masculinos de
referencia que les resulten atractivos.
Algunos no cuestionan su propio rol:
entre ellos algunos son utilitarios
ya que se benefician de los cambios de las mujeres (por ejemplo
que ella trabaje e ingrese dinero) sin ofrecer nada a cambio. Y
otros son igualitarios unidireccionales que aceptan que las mujeres asuman
"funciones masculinas" pero no a la inversa, por lo que
en la práctica son desigualitarios porque sobrecargan a las
mujeres al no compartir.
Otros pocos cuestionan su propio rol:
algunos son compañeros,
atentos a cambiar para permitir una convivencia igualitaria. Y
otros, en aumento, son acompañantes
pasivos que delegan la iniciativa en las mujeres, provocando
una inversión de los roles tradicionales donde él no asume casi
ningún comportamiento "masculino". Muchos de estos
varones se definen como
profeministas aunque lo son mucho más a nivel ideativo que práctico,
creyendo mayoritariamente que la lucha por la igualdad la deben
afrontar sólo las mujeres.
·
Los ambivalentes frente al cambio de las mujeres
Predominan
entre los que están alrededor
de los 45 años, algunos en pareja con mujeres que trabajan en
el ámbito público, y con hijos. En algunos predomina el acuerdo
y en otros el desacuerdo con los cambios de las mujeres, por lo
cual en asuntos muy
determinados (lo doméstico o el dinero, por ejemplo) se pueden
transformar en uno u otro de los varones de las categorías
anteriores. Son los más quejosos, porque se sienten desorientados,
incomprendidos y desconcertados por los cambios de las mujeres a quienes ya no
pueden (ni muchas veces desean) controlar. Viven los cambios
femeninos como una pérdida de rol, reaccionando más con
aislamiento o resistencia pasiva que con violencia. No son varones
débiles -como a veces se los describe- sino debilitados y
perplejos
Muchos son resignados-fatalistas que aceptan, no sin cierto disgusto, que las
mujeres seguirán cambiando mal que les pese a los varones, e
intentan acomodarse como pueden. Tienen
conciencia de sentirse derrotados en tanto pertenecientes a un
grupo que fue hegemónico. Otros entran en crisis y a veces
solicitan psicoterapia (generalmente a iniciativa de sus parejas).
Casi
todos se sienten cansados de las reivindicaciones femeninas, de lo
que se les exige asumir y cambiar, de que no se valoren sus
esfuerzos de adaptación, de no ver cuándo terminarán los
reclamos. Temerosos de que las mujeres "les ganen" en
varios campos, la mayoría creen
que deben cambiar, pero se resisten a tomar iniciativas porque
lo viven como pérdida de privilegios y comodidades. Algunos
exageran sobre sus cambios y esperan grandes aplausos por
"sus sacrificios", pero todos están convencidos que
los cambios de las mujeres son imparables.

como solución de compromiso, es frecuente que se
comporten de un modo restrictivo, pragmático-acomodaticio
en su comportamiento, pero vacío de contenido reflexivo.
Acuerdan más intelectualmente que vivencialmente con la igualdad.
Algunos permanecen con fuertes ideas
machistas, pero por mala conciencia no se animan a manifestarse. Otros son profeministas.
Algunos siempre han sido antifeministas
y otros son ex profeministas que han abandonado su apoyo al feminismo por
sentirse atacados e incomprendidos por los reclamos de las
mujeres.
En
España, estas tres categorías están representadas por tercios
entre los varones.

Así como en otros países, en los últimos años se
está produciendo un lento aumento de los varones favorables a los
cambios de las mujeres y ello se produce entre aquellos menos apegados al modelo
masculino tradicional.
Sin
embargo, también están aumentando los contrarios a dichos
cambios en los menores de
21 años y en los parados (estos varones suelen ver a las
mujeres como muy capaces y como más directas competidoras en el
mundo estudiantil-laboral).
Los
movimientos de varones
En los últimos 20 años se está impulsando, por
parte de los varones de varios países occidentales desarrollados
(especialmente los escandinavos, EEUU, UK, Australia y Canadá),
una serie de actividades organizadas, luchas y reivindicaciones
que tienen a la masculinidad como tema principal, y a las que se
ha dado en llamar "movimientos".
Ninguno
de ellos considera a la masculinidad como algo garantizado y
natural, sino algo a transformar o conservar, algo que hay que
defender o por lo que hay que luchar. Todos intentan dar respuesta
a la pregunta ¿qué es ser un hombre hoy? Y todos también,
directa o indirectamente, intentan ser una respuesta -grupal en
este caso- al desafío que suponen los avances y cambios de las
mujeres y el feminismo.
En
todos los países en los que existen estos movimientos, solo un
pequeño porcentaje de varones participa activamente en ellos. El
gran porcentaje masculino pertenece a la amplia "mayoría
silenciosa" cuyas voces sólo pueden escucharse en
investigaciones sociológicas como las antes enunciadas. Pese a
ello estas prácticas sociales cobran importancia porque se están
desarrollando en diversos ámbitos formadores de opinión y teoría,
tanto en el terreno sociopolítico, asociacionista, académico,
asistencial o educativo, y porque se divulgan con fuerza a través
de los medios de comunicación y publicaciones en algunos países,
utilizando especialmente Internet como modo global de difusión.
En
España, estas prácticas son casi inexistentes, aunque algunas
están teniendo una moderada penetración mediática y editorial.
Los pocos grupos y actividades que están apareciendo en este país,
lo están haciendo de manera muy mimética al modo y con las ideas
con los que estos movimientos surgieron en sus países de origen.
De
acuerdo a sus diversas concepciones y abordajes respecto a la
masculinidad, se pueden diferenciar actualmente al menos cinco
movimientos de varones, que representan otras tantas formas de
posicionamiento masculino frente a los cambios de las mujeres y
frente al feminismo:
Casi desconocido en España, surgió en los países
anglosajones y escandinavos a principios de los 70, asociado a los
movimientos por los derechos civiles. Constituido por varones
generalmente de sectores medios, afines a las ciencias sociales y
educativas, favorables a los cambios de las mujeres y que se
nutren de las ideas del feminismo de la igualdad.
Acusados por otros varones de promover la cultura
del varón "blando" y observados con desconfianza por algunas
feministas radicales, quienes participan en este movimiento
reconocen la responsabilidad masculina en el mantenimiento de la
subordinación social de las mujeres y ejercen una autocrítica
sobre el propio ejercicio del poder. Rechazan
el modelo masculino dominante, el sometimiento acrítico al
corporativismo viril y la homofobia, y proponen el activismo
social, la investigación académica y la formación de grupos de reflexión de varones para deconstruir el
ideal de masculinidad tradicional, romper la complicidad masculina
antisexista y practicar la igualdad con las mujeres.
Desde sus comienzos, gran parte de la actividad de
este movimiento se ha centrado en la generación de estrategias
contra la violencia hacia las mujeres y de estrategias
educativo/asistenciales para el cambio de la masculinidad
violenta, así como en el apoyo a las políticas antirracistas y
pro-derechos de las personas homosexuales.
Intentan
producir cambios en los varones hacia la igualdad y hacia modelos
masculinos pacíficos y antisexistas, sigue siendo su objetivo
principal.
En
este movimiento se encuentran numerosas
asociaciones y grupos -algunos conocidos por sus siglas-,
entre los que podemos mencionar a: NOMAS
en
EEUU, Achilles
Heel
en UK, IASOM en
Noruega, XY en Australia, Men for Change
en Canadá, Les Traboules
en Francia, Pfefferprinz
en Alemania, Les hommes barrès
en Suiza, Uomini contra la Violenza
en Italia, Cantera
en Nicaragua y CORIAC
en México.
También
se han desarrollado con las ideas de este movimiento, algunas
redes de trabajo y acción por Internet, tales como la Red
europea de hombres Profeministas, o la Red
Chilena de Masculinidad. En España,
el Grupo de Hombres de Sevilla,
Hombres por la Igualdad
y el Centro de Estudios de la Condición
Masculina de Madrid son representativos de este movimiento. Varios de
estos grupos están promoviendo mundialmente la White Ribbon Campaign contra la violencia hacia las mujeres. La mayoría
de estas agrupaciones se encuentran en los países anglófonos y
escandinavos.
En
Hispanoamérica se están
constituyendo recientemente, y se centran sobre todo en la lucha
contra la violencia machista y los problemas de la sexualidad y la
salud reproductiva.
Los
grupos francófonos y
centroeuropeos también están aumentando lentamente, y están
constituidos mayoritariamente por varones de movimientos
antipatriarcales y ecológicos.
En
el ámbito académico,
este movimiento tiene su inserción a través de los estudios críticos
sobre los varones y las masculinidades -los "men's
studies", studies
of men and masculinities o critical
studies of men and masculinities-, que incorporan la categoría de género en su
marco referencial, y se desarrollan sobre todo en las facultades
de sociología, antropología, historia y filología.
Nutren
dichos estudios numerosas investigaciones sobre la historia, las
diferencias culturales y los cambios sociales de las
masculinidades, así como sobre las temáticas del poder, la
sexualidad, las nuevas paternidades, la construcción de la
subjetividad, la violencia, la salud, y las políticas de cambio
para los varones. (Hearns, 1989; Weltzer-Lang, 1991; Kimmel, 1992;
Kaufman, 1992; Seidler, 1992; Connell, 1995; Bourdieu, 1998).
En
el ámbito educativo,
quienes participan en este movimiento se han dedicado sobre todo
al desarrollo de programas de educación para transformar los
estereotipos masculinos (Salisbury, Jackson, 1996).
En España, J.V. Marqués ha sido un pionero en esta
línea. De la variada producción escrita de este movimiento, en
nuestro país no existe prácticamente nada, ni producido aquí,
ni traducido al castellano.
·
El movimiento mitopoético
Surge
en EEUU a finales de los años 80 asociado a la etapa conservadora
de Reagan y a la aparición en la sociedad anglosajona de
reacciones de rechazo al avance de los 70 en las luchas de las
mujeres por la igualdad.
Liderado
por el poeta Robert Bly (Bly,1990), este movimiento está formado
principalmente por varones
blancos heterosexuales, de clase media, muchos frustrados por la
falta de éxito laboral para el que estaban socializados, y en
EEUU algunos ex-combatientes.
En
este movimiento, que tiene un alto componente espiritualista, el
estudio de los mitos, los ritos de iniciación masculina y la
figura del mentor adquieren un gran relieve.
Gran
parte de sus actividades derivan de propiciar un trabajo
introspectivo para reencontrar, según sus postulados, "la
energía masculina" en estos tiempos de "ausencia del
padre", "poderío de la madre" y "feminización
de los varones".
Dichas actividades son realizadas principalmente a
través de grupos de fin de semana, los que han nucleado a miles
de varones en los últimos 10 años.
Quienes
pertenecen al movimiento no
se oponen a los cambios de las mujeres, pero tampoco los aplauden,
recelando frecuentemente de ellas, a quienes se ve como
"poderosas" y peligrosas.
Cercanos
en sus ideas a las perspectivas feministas de la diferencia, no se
ocupan de los problemas de las desigualdades, avalan muchos
aspectos de los roles tradicionales y están, en general, alejados
de los ambientes académicos.
·
El movimiento de las terapias de la masculinidad
Desarrollado
a partir de los años 80 por varones preocupados
por la "crisis" de la masculinidad, se fue
estructurando alrededor de multitud de teorías y prácticas
psicológicas utilizadas para apoyar a los integrantes del
colectivo masculino en la "reconstrucción" o
"redefinición" de su identidad "dañada" por
los cambios sociales y femeninos.
Expresa
en la vertiente psicoterapéutica a los dos movimientos
anteriores, y por ello en él hay dos
corrientes que trabajan ambas sobre el aislamiento y el encierro
emocional de los varones,
aunque de modo muy diferenciado.
-
La primera corriente, la más conocida y con mayores seguidores, está
especialmente influenciada por las ideas de Bly, Jung y Perls
sobre los arquetipos, el psiquismo masculino, las razones de su
sufrimiento y los caminos del cambio. Su trabajo se centra en
abordar y disminuir los "perjuicios" del rol masculino, "cicatrizar
las heridas de la masculinidad" y reasegurar la alicaída
autoestima masculina. No tiene demasiado en cuenta a las
mujeres (excepto como Diosa o Madre), pero valora lo
"femenino", aspecto que los varones deberían incorporar
para ser más plenos.
Esta
corriente y el movimiento mitopoético del que proviene son
mayoritarios en los ambientes no académicos. Es también la que
ha producido mayores publicaciones de terapias de autoayuda para varones, y de
"comprensión del comportamiento masculino" para
mujeres. Estos géneros han tenido a principios de los noventa un
gran boom editorial en los países anglosajones (Bly, 1990; Fisher,
1990; Kipnis, 1991; Moore y Gilette, 1991; Shapiro, 1992; Kreimer,
1994).
Casi
todos los libros que circulan en lengua castellana por España -ya
sea autores iberoamericanos o traducidos del inglés- pertenecen
únicamente a esta corriente y al movimiento mitopoético, y han
sido difundidos por importantes editoras comerciales. Por ello,
muchas personas que son sólo hispanohablantes han llegado a creer
que lo que en ellos está escrito es lo único que se piensa, se
dice y se hace en relación a la cuestión masculina y al
posicionamiento de los varones ante las mujeres.
-
La segunda corriente, menos conocida, está impregnada de la perspectiva de género y de las ideas posfreudianas de
la importancia de la fase preedípica en la constitución de la
masculinidad. Su trabajo se centra en las dificultades
de los varones para renunciar a los "beneficios"
abusivos del rol masculino, en transformar la violencia (contra las mujeres y contra sí mismos), en
eliminar la homofobia y en reconsiderar el sentimiento de baja
autoestima masculina (producido frecuentemente
por la impotencia de no poder ser "un hombre de verdad").
Tienen en cuenta a las mujeres y los malestares que les provoca el
poder y la dominación masculina.
Quienes
trabajan en esta corriente, así como sus publicaciones, son
minoritarios en el movimiento de las terapias de la masculinidad (Scher,
1987; Bograd, 1992, Kupers, 1993). Sin embargo tienen presencia
institucional (por ejemplo en la Asociación Americana de Psicología)
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